
-Debido a la emergencia de China como superpotencia, hasta el propio Dalai Lama ya ha dicho que no quiere la independencia, sino mayor grado de autonomía y respeto para la cultura autóctona. ¿Qué persiguen, por tanto, con estas manifestaciones?
-Nuestras demandas son muy claras: detener los asesinatos y los arrestos que tienen lugar ahora en Tíbet y en otras zonas de Sichuan, Gansu y Qinghai con población tibetana, dar asistencia médica a los heridos, crear una comisión de investigación independiente, facilitar el acceso de la prensa a las zonas donde ha habido disturbios y levantar el cerco a los monasterios. En definitiva, queremos aprovechar la gran repercusión internacional que tienen los Juegos para pedirle a China que acabe con el terrorismo de Estado y empiece a respetar a los tibetanos y a dialogar.
-¿No cree que la violencia empleada por los tibetanos contra los chinos de la etnia han, la mayoritaria en el país, puede volverse contra su causa?
-La mayoría de las protestas han sido pacíficas, aunque no digo que no haya habido violencia por parte de los tibetanos. Pero los que tienen las armas y los tanques son los chinos, que ahora intentan que esa violencia se vuelva contra el movimiento tibetano.
Ataques suicidas
-¿Rechaza, entonces, la violencia y que los tibetanos planeen ataques suicidas, como ha acusado el Gobierno chino?
-Los tibetanos no planeamos ataques suicidas porque nuestros principios se basan en el amor, la compasión y la no violencia. Algo muy distinto a lo que hace China, donde hasta sus propios intelectuales han firmado un comunicado de apoyo a nuestra causa.
-¿Qué significa ser tibetano, o chino, en este mundo cada vez más globalizado?
-Nací en el exilio en India y, por ese motivo, carezco de pasaporte, lo que significa que a veces tengo muchos problemas para viajar sólo con mi documento de identidad tibetano. De hecho, he pedido en un par de ocasiones el visado para ir a China, pero siempre me lo han negado. Además, hay muchos países a los que no podemos viajar. Eso desde el punto de vista jurídico e internacional, porque luego está el sufrimiento que atraviesa el pueblo.
-¿Le queda aún familia en Tíbet?
-Aunque algunos han escapado ya, tengo todavía muchos parientes allí. A través de ellos sabemos todo lo que ocurre y el enorme daño que el régimen comunista chino hace a la cultura y espiritualidad de Tíbet. Sin embargo, desde el inicio de la revuelta, hemos perdido el contacto porque muchas personas han sido detenidas y el Ejército ha confiscado sus móviles y sus ordenadores.







