Igualmente, cuando anuncia un compromiso democrático contra el terrorismo es obvio que busca eliminar la dinámica Gobierno-oposición en esta materia a través de la participación del PP, pero sin que ello suponga la exclusión de las formaciones que en la presente legislatura le han respaldado con lealtad y compromiso democrático.
La novedad más relevante de la investidura de Zapatero reside en la decisión del PSOE de no someter esta cuestión a negociación con el resto de las formaciones políticas. Está claro que los socialistas han querido iniciar esta legislatura de manera distinta a como la comenzaron hace cuatro años, cuando menos desde el punto de vista de la percepción social. Frente a la idea de un Gobierno sometido al 'imperio' de las minorías representadas por IU y ERC, imagen fuertemente explotada por el PP, ahora se trata de proyectar la imagen de un partido abierto a los compromisos, pero sin servidumbres con nadie.
Cabe preguntarse cómo es posible apostar decididamente por esta estrategia de no negociar los apoyos, ni siquiera de buscarlos, sin tener la mayoría absoluta. Una parte de la respuesta a tal interrogante hay que buscarla en el descontento existente en ciertos sectores del PSOE, más vinculados a la españolidad que al socialismo federal, por la política de Zapatero en el caso del Estatuto de Cataluña y por el diálogo con ETA. Pero otra buena parte reside en la delicada situación que están viviendo el resto de las formaciones políticas tras el 9-M. Así, mientras la mayoría de éstas se encuentran inmersas en procesos internos de análisis, renovación y hasta de crisis, el PSOE es el único que desde el punto de vista de la imagen social ha logrado reforzar la posición lograda la noche electoral.
Aunque Zapatero no cuente con la mayoría suficiente, es obvio que en estos momentos no existen condiciones para avanzar en algo similar a un pacto de legislatura que garantice la gobernación. En el caso de IU y ERC, por evidentes razones internas. En el caso de CiU, por razones del socialismo catalán.
En el caso del PNV por la situación de provisionalidad que se está instalando en la política vasca tras el anuncio de la 'hoja de ruta' por el lehendakari. Dicha sensación se ha intensificado tras las elecciones generales y los resultados en Euskadi. Los socialistas vascos no están interesados en que Zapatero abra ahora la vía del entendimiento con el PNV. Por lo menos, no hasta ver qué pasa en junio en el Parlamento vasco, y, en todo caso, hasta ver qué pasa en las próximas autonómicas que, a más tardar, serán dentro de un año.
Mientras unos tienen prisa, otros pueden jugar con el tiempo de otros y también con las agendas incompresiblemente comprometidas.
x.gurrutxaga@diario-elcorreo.com







