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Política

DEBATE DE INVESTIDURA
Zapatero prioriza los acuerdos con el PP sin cerrar la puerta a los nacionalistas
Tiende la mano a Rajoy en la lucha contra ETA, la financiación autonómica y la reforma judicial Insiste en reivindicar cuatro años de «calma y serenidad»

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«Debemos a los españoles cuatro años de calma, de serenidad, de entendimiento, responsabilidad y progreso». José Luis Rodríguez Zapatero echó mano ayer de todas sus reservas de talante para arrancar la legislatura con un aire distinto al clima de crispación que ha marcado los últimos cuatro años y apelar a los acuerdos con el principal partido de la oposición en los grandes asuntos de Estado. Los socialistas ya venían avanzando desde el 9-M que buscarían pactar los principales temas de la agenda política -lucha contra ETA, acción exterior, financiación autonómica y reforma de la Justicia- con el Partido Popular pero sin renunciar al entendimiento con los nacionalistas vascos y catalanes, a los que, con sus 169 escaños y sin mayoría absoluta por lo tanto en el Congreso, necesitarán a lo largo de la legislatura para sacar adelante proyectos de ley tan trascendentales como los Presupuestos Generales del Estado.

La intervención del candidato socialista en la primera jornada de la sesión de investidura respondió fielmente a este patrón y ofreció más bien pocas sorpresas, a pesar de la enorme expectación mediática en la Carrera de San Jerónimo, con más de 500 periodistas acreditados. Prioridad para el PP, pero sin cerrar puertas a las fuerzas minoritarias, para garantizar así esa «estabilidad variable» que los socialistas esperan lograr mediante pactos puntuales con CiU o PNV que no exijan hipotecas que Zapatero no está dispuesto a comprometer, y menos desde el mismo arranque de su segundo mandato. La mejor prueba de ello es la falta de apoyos que se escenificará hoy en la Cámara Baja y que le obligará a posponer su investidura, ya por mayoría simple, hasta pasado mañana.

Zapatero quiso dejar claro desde el principio que aspira a gobernar en un ambiente «sereno», fruto de la voluntad de «diálogo y consenso» que reiteró varias veces a lo largo de su discurso, aunque no renunció a lanzar unas cuantas pullas irónicas a un escéptico Mariano Rajoy a cuenta de la convulsa situación interna del PP o de la supuesta «irresponsabilidad» del partido opositor. No precisó, en todo caso, los contenidos concretos de los acuerdos que propone, a la espera de iniciar su ronda de contactos con los grupos de la oposición.

Discurso de gestión

El futuro presidente del Gobierno evitó detallar, por ejemplo, las premisas del nuevo consenso antiterrorista que se «empeñará» en alcanzar con «todos» los partidos con representación parlamentaria en sustitución del extinto Pacto por las Libertades -al que el PP sólo entrará si persigue la «derrota» de ETA- y no se 'mojó' demasiado tampoco en cuanto al modelo territorial. De hecho, no hizo ni una sola mención a eso que Iñigo Urkullu suele denominar «conflicto no resuelto de identidades nacionales». Más bien al contrario, el todavía candidato del PSOE optó por centrarse en sus propuestas en materia económica -la principal preocupación ciudadana ante la recesión que se avecina-, y en las medidas a corto y medio plazo para afrontar la crisis sin comprometer la acción de gobierno en el terreno social, otra de las prioridades de su alocución. Un discurso pragmático y de gestión, muy concreto en lo sectorial pero ambiguo en lo demás, que, a decir de los nacionalistas, casi habría podido firmar el mismo Rajoy por sus escasas concesiones al debate autonómico.

La idea central del candidato, como se puso de manifiesto también en sus réplicas al líder de la oposición, fue la de mano tendida al líder popular para que no soslaye la «responsabilidad» a la que le obligan sus más de 10 millones de votos y se decida a acordar con él medidas que faciliten «los grandes afanes colectivos de los españoles». Básicamente, los acuerdos que ofrece Zapatero, de los que no quiere excluir tampoco a patronal y sindicatos, son tres. En primer lugar, el diseño de una estrategia para acabar con el terrorismo etarra compartida por «todos» los grupos de la Cámara con la premisa de que la banda está más débil que nunca y no tiene otra salida que el abandono definitivo de las armas. En segundo lugar, un pacto de Estado para la renovación «urgente» del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, empantanados por el enfrentamiento entre los dos grandes partidos. Y por último, entendimiento en materia de financiación autonómica, con la intención de que el Estado se reserve en exclusiva la mitad del gasto público y los recursos del Impuesto de Sociedades, y con una clara guía de actuación: «Nadie tiene más derechos que otro por nacer en uno u otro lugar, pero tampoco nadie ve amenazada su identidad ni existe una forma única y obligatoria de ser español».

La Constitución

Ése fue el mensaje que transmitió Zapatero en respuesta implícita a las reivindicaciones de catalanes y vascos, antes de puntualizar que abrirá la mano a las modificaciones en los marcos jurídicos vigentes, pero siempre a través de reformas estatutarias que sigan la estela de los procesos que ya culminaron la pasada legislatura. El 'guiño' del próximo jefe del Ejecutivo a los nacionalistas llegó cuando Rajoy demandó preferencia para el PP en los grandes pactos de Estado y abrió incluso un debate sobre su esencia. Según él, requieren siempre del concurso de los dos grandes partidos. Zapatero subrayó que las fuerzas minoritarias también tomaron parte en el pacto de Estado por excelencia -la Constitución-, recordó a los populares que Aznar pactó la financiación autonómica con los nacionalistas cuando necesitó «complementar su mayoría» y defendió la conveniencia de «dialogar, integrar y llegar a acuerdos» con peneuvistas y convergentes.
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