
Mientras otros invitados dieron, sentados, sus pactadas charleta, casi siempre con el apoyo informático para mostrar sus creaciones, este acumulador de premios internacionales y fogueado en Bassat proyectó un monólogo descacharrante de Pedro Reyes sobre el gesto para concluir que éste es más antiguo que la palabra.
Usó un silbato tipo '¿cómo están ustedes?', jaleado por el patio de butacas; quiso que tres asistentes dibujaran una manzana. ¿Y todo para qué? Pues para subrayar la importancia de la comunicación. Y también para demostrar que la idea sólo se consigue con la aportación de creatividad; o para avisar a navegantes de este mundo que «lo que sabemos no nos debe limitar»; o incluso para dar claves sobre la madre del cordero: encargo-problema-solución. Casi nada.
Defiende las nuevas tecnologías como instrumento de trabajo, pero antepone machaconamente la importancia de la inspiración, la chispa, el hallazgo genial, que puede funcionar. Y eso no lo oferta ningún programa informático, que puede ayudar a dibujar o a recrear una imagen. Nada más.
La jornada vespertina tuvo la presencia de la artista Carmen Calvo Sáenz de Tejada (Valencia, 1950), quien en 1997 representó a España en la Bienal de Venecia con una elegante galería de espejos, junto al poeta catalán Juan Brossa. En 1990 el IVAM (Institut Valencià d'Art Modern) le dedicó una importante retrospectiva. Desde mediados de los 80 su obra se orienta preferentemente hacia la intervención en fotografías que agranda y manipula de forma muy personal. Antes, en los años 70, fue seducida por la contemplación de figuras arqueológicas.
Personal y universal
Trabajó en el retablo de la catedral de Burgos, una experiencia curiosa para la artista levantina. Se dice de ella que transforma lo personal en algo universal con una facilidad que abruma.
Hoy se cierran las jornadas con Paula Sanz, una conocida ilustradora, cuyas creaciones aparecen en revistas como 'Vogue'. 'Elle' y 'Marie Claire'.





