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LA ÚNICA ATLETA AFGANA
El velo islámico compite en Pekín
Mehbooba Ahadyar, de 19 años, es la única atleta afgana que tomará parte en los Juegos

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El velo islámico compite en Pekín
PREPARACIÓN. Ahadyar entrena con Azizi, el mejor atleta afgano, en Kabul. / M. AYESTARAN
Mehbooba Ahadyar acude al conocido como Estadio Olímpico de Kabul a las cuatro de la tarde. A esa hora no hay apenas hombres en la pista y se siente más cómoda. Vive sus últimos días de entrenamiento antes de partir rumbo a Taiwán, donde permanecerá concentrada junto a los otros tres atletas afganos que tomarán parte en los próximos Juegos Olímpicos de Pekín. «Tengo 19 años y soy una chica normal a la que le gustan la música y películas indias. Empecé a correr en Pakistán, donde viví muchos años refugiada, y al volver a Kabul he seguido practicando deporte», señala, acompañada de su inseparable Massoud Azizi, el mejor atleta del país, que va a repetir cita olímpica tras la experiencia en Atenas.

Ahadyar competirá en las pruebas de 200 y 400 metros y recogerá el testigo de Rubina, amiga personal que representó a Afganistán hace cuatro años en las distancias de 100 y 200 metros lisos. «Somos muy pocas deportistas, así que nos conocemos bien», apunta antes de cerrar la puerta del despacho del director de la Federación Olímpica, Abdul Karim Azizi, donde tiene que cambiarse por falta de un espacio propio para mujeres en las instalaciones. «Estamos muy contentos con ella porque va a representar al país y a toda la comunidad islámica, pero no nos gustaría que fuera una mujer con una imagen occidental», confiesa Azizi, que será la cabeza de la expedición en China. Massoud asiente ante las palabras del dirigente y afirma que su único consejo a Mehbooba -que significa belleza en dari- ha sido que «cuide mucho sus formas en la alta competición para ser un ejemplo de atleta islámica».

A los pocos minutos Mehbooba y Massoud corretean por la pista de cemento gris del tristemente célebre estadio donde los talibanes solían ejecutar a los condenados a muerte los viernes por la tarde. Con un chándal azul marino tres tallas mayor, unas zapatillas blancas desgastadas y un gran pañuelo oscuro, que se arregla con paciencia antes de empezar con el entrenamiento, la atleta hace lo que más le gusta, correr. «Para mí no es ningún problema tener que competir así, no me preocupa. Soy una mujer musulmana y el velo nunca será un problema», afirma esta joven, que asegura desconocer el uniforme que una conocida marca alemana le facilitará antes de la competición pero que «debe respetar mi forma de pensar, o no participo».

Sometidas a los hombres

Mehbooba da vueltas y vueltas a un ritmo reposado y bajo la mirada de las enormes fotografías del presidente, Hamed Karzai, o el 'señor de la guerra' convertido en héroe nacional, Ahmed Shah Massoud, 'el león de Panshir'. Ahadyar, estudiante de noveno curso de secundaria, a la que le gustaría cursar Medicina en el futuro, acude a la cita olímpica como invitada y no ha tenido que lograr ninguna mínima para poder estar presente en Pekín. «No me importa ser la última. Soy un ejemplo para las mujeres de mi país, donde muchos hombres no nos respetan. No quieren que salgamos a la calle, hagamos deporte o vayamos a la escuela. Esto me hace sufrir muchísimo», lamenta mientras realiza estiramientos en uno de los extremos del recinto.

Son las cinco y está a punto de empezar el entrenamiento de los chicos del club de boxeo de la ciudad, el momento en el que Mehbooba sale del estadio y se dirige al despacho del director del Comité Olímpico, que además de vestuario hace las veces de gimnasio. «No tenemos uno cubierto para mujeres y aquí no es posible que lo compartan con hombres, no está bien visto», apunta Azizi, que supervisa cada detalle de la preparación de sus dos atletas. Media hora más tarde, sin poderse tomar una ducha, Mehbooba abandona las instalaciones con la mochila al hombro. Sale a la calle y toma una de las furgonetas colectivas que le llevarán hasta su barrio, al sur de la capital.
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