Ha terciado en el asunto Jordi Pujol diciendo que se ha llevado mal la contabilidad de los difuntos que unos momentos antes gozaban de una magnífica salud. Asegura que «los asesinados fueron muchos más de derechas y de misa que de izquierdas y que la Generalidad de Cataluña tiene que pedir perdón». Ya sabemos que perdonar es lo único que modifica el pasado, que tiene fama de irreparable. Hay que ser indulgentes y perdonar siempre, no sólo cuando el enemigo es más poderoso, como recomiendan los diplomáticos, pero la mejor consigna es la del gran Rafael Azcona: Los muertos no se tocan, nene.
No es el momento propicio, ahora que el ahorro familiar está por los suelos y va a tardar unos cuatro años en incorporarse y reaparecen las 'vacas locas' en tiempo de vacas flacas. Ya volveremos a discutir quiénes mataron con más asiduidad y eficacia. En esta coyuntura histórica tenemos que hacer un esfuerzo de memoria para olvidarnos de todo. La inversión en vivienda, a la que se culpa del frenazo económico, está al borde del colapso, pero por la parte de fuera de la copa, y los expertos creen que el año que viene habrá 850.000 parados más. Quizá sea una circunstancia adecuada para ocuparse de los vivos. Ahora o nunca.







