
DUELO ENCENDIDO
Esta explicación llegó después de que su portavoz, el vicepresidente madrileño, Ignacio González, insistiera en que «la presidenta no tiene pensado presentarse» como candidata a liderar el PP en el decimosexto congreso, que se celebrará en junio. González entrecerró así, por ahora, la puerta que Aguirre dejó abierta el lunes a encabezar una lista alternativa y enfrió las expectativas que se dispararon en el PP por las insinuaciones de la dirigente madrileña.
El vicepresidente de la Comunidad de Madrid dedicó buena parte de su rueda de prensa tras la reunión del consejo de gobierno regional a repetir, una y otra vez, que su jefa «no tiene contemplado presentarse» al cónclave, pero también se esforzó por convencer a los periodistas de que esta posición no supone un cambio de actitud con la que mantuvo el lunes.
«No rectifica absolutamente nada», subrayó, y explicó que la presidenta nunca llegó a confirmar su candidatura, sino que su pretensión fue plantear la necesidad de un debate sobre los resultados electorales y las líneas de actuación para establecer una estrategia que permita el éxito electoral en 2012. Además, aseguró que Esperanza Aguirre «no ha tanteado a nadie» ni ha medido sus apoyos, aunque se mostró convencido de que podría conseguir los avales necesarios si decidiera competir por la presidencia del PP.
Soledad
Cuando la responsable de la Comunidad dejó claro que no descartaba presentarse candidata, sólo los dirigentes madrileños le prestaron su respaldo y se declararon dispuestos a seguirla en el congreso. Sin embargo, la soledad de la líder regional en el resto del partido se hizo evidente a medida que pasaban los días y todos los políticos destacados, así como el resto de 'barones' territoriales, se inclinaban por Rajoy.
Como era de esperar, las primeras pullas surgieron del entorno de su adversario político, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, que criticó ayer desde Pekín que hiciera pública «su indecisión sobre si iba a comunicar o no su candidatura» en vísperas del debate de investidura -«quizás el día menos adecuado»-, donde Rajoy se jugaba el crédito para la nueva legislatura. «Cualquier otro día habría sido no sólo más elegante, sino también más colaborador con Rajoy», señaló.
En opinión del primer edil madrileño, «si la indecisa Esperanza Aguirre convierte su indecisión en decisión» y presenta su candidatura, «está perfectamente en su derecho» de hacerlo, aunque cree que no tendría el apoyo mayoritario del PP. Gallardón recordó que precisa 600 avales para formalizar su candidatura, cuando Madrid cuenta con poco más de doscientos.
Sin embargo, el 'segundo' de la dirigente de la Comunidad, Ignacio González, desmintió tal afirmación y aseguró que la presidenta no ha medido sus avales porque busca, únicamente, un debate ideológico y programático. «Todo el mundo sabe cuáles son las intenciones» de Aguirre, replicó a continuación el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, que le animó con ironía a seguir buscando «avales» para el congreso. El 'delfín' de Gallardón se reafirmó punto por punto en sus palabras del miércoles, cuando se quejó del «espectáculo» de la presidenta en el Foro ABC.
«De espectáculos y candidaturas de ida y vuelta el señor Cobo sabe mucho», espetó ayer Ignacio González al concejal, que en su día encabezó una candidatura fallida al congreso regional del PP que ni siquiera se sometió a votación. En cuanto a Ruiz Gallardón, el vicepresidente le acusó de coincidir habitualmente en sus comentarios con el dirigente socialista José Blanco y le reprochó que hable de «la indecisión» de Esperanza Aguirre «cuando hemos vivido cómo él presentaba a un tercero al congreso regional de Madrid; que dijo que no iría en la lista para ser alcalde si el congreso lo ganaba Aguirre y sigue de alcalde; y que afirmó que se retiraría de la política si no entraba en las listas y sigue en la política».
A la defensa de la presidenta se sumaron también los portavoces del PP en la Asamblea de Madrid. Uno de ellos, Juan Soler, dijo que Gallardón y Cobo actúan movidos por «el rencor y la venganza» y reprochó al alcalde que «justifique» con su viaje a Pekín «el régimen despótico» chino y «participe en su lavado de cara» mientras la comunidad internacional intenta defender los derechos de los tibetanos.







