«Pudo haber un calentón, una reacción instantánea que habría de haberse sopesado más» subrayó. Aseguró que el Euzkadi buru batzar analizó la «necesidad» de una moción de censura en Mondragón el 17 de marzo. En aquella reunión, dijo, quedó patente «la dificultad» que podía haber para sumar los once concejales necesarios para desalojar a la primera edil aeneuvista. Aludió al «miedo» y las «presiones» que sufren los concejales en el municipio.
El EBB se volvió a ver las caras el lunes 31 del mes pasado. Ese día Urkullu abandonó la reunión antes de que el 'caso Mondragón' se pusiera sobre la mesa. El líder del PNV viajó a Madrid para negociar con el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, un acuerdo sobre el reparto de puestos en las Mesas del Congreso y el Senado. Blanco y Urkullu apenas dedicaron «un minuto» a la moción de censura. El apoyo a esta iniciativa no se produjo finalmente, lo que llevó al burukide a reconocer que su partido no ha gestionado «demasiado bien» este asunto. En todo caso, negó que haya una «división interna». «La tensión interna -dijo- es una leyenda. Me hacen gracia esos análisis. No puedo estar diciendo todos los días que me doy besos en la cara con Egibar».
Urkullu confesó, no obstante, que desde el pasado miércoles el partido trata de «reconducir la situación», y que hay «una premura» por impulsar en Mondragón una nueva moción. También aseguró que las sucesivas acciones que los jeltzales van a llevar a cabo en el resto de municipios gobernados por ANV tienen como objetivo que todos los partidos «se retraten». Recordó, así, que el PNV y el PP son los únicos que no tienen ningún acuerdo con la formación de la izquierda abertzale.







