El elevado coste de estos animales cuando son trofeos 'medallables' hace que esos sujetos busquen clientes sin escrúpulos para 'furtivear' en cotos y reservas. No es fácil detectarles, pues disponen de los medios más depurados. Entran sin armas en zonas de caza seleccionadas, porque previamente otros las han escondido en el lugar de merodeo. Una vez abatida la pieza, esconden la cabeza y las armas para que el otro individuo las saque a los pocos días. Mantienen controlados a los guardas con medios sofisticados y la colaboración de algún lugareño. Los hay también más atrevidos y peor preparados físicamente que desde los todoterrenos 'farean' de noche por las pistas en busca de grandes trofeos.
Lo triste es que estos maleducados se permiten pregonar sus 'hazañas' como si de verdaderos venadores se tratara. Este azote lo cultivan en cierto modo la tolerancia de muchos, la complacencia de los indiferentes y la admiración de los cegatos que se empeñan en ver virtudes que no existen. Por fortuna, son casos aislados, pero deben ser tenidos muy en cuenta por las autoridades. No en vano, cuando alguna de estas fechorías transciende a los medios, la imagen que se transmite es irreal y estereotipada, con todo el daño que conlleva para el colectivo que respeta escrupulosamente la ley.







