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Cultura

MARIO CAMUS , DIRECTOR DE CINE
«Odio la manía de los viejos de dar consejos y ser dogmáticos»
El autor de 'La colmena' y 'Los santos inocentes' recibe el homenaje del Festival de Málaga por su carrera: «Ser director de cine está magnificado»
12.04.08 -

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«Odio la manía de los viejos de dar consejos y ser dogmáticos»
SINCERO. Camus, que ve dos películas al día, hace lo imposible por desmitificar la profesión. / EFE
Mario Camus (Santander, 1935) estaba ayer más pendiente de comer con Manuel Alcántara que del homenaje que le rendía el Festival de Málaga. Prefería recordar sus años en el Café Comercial junto al maestro de los columnistas y amigos como Ignacio Aldecoa, que repasar una filmografía que arrancó en 1963 con 'Los farsantes' y culmina, de momento, con la melancólica 'El prado de las estrellas'. Ajeno a modas y debates sobre el cine español, el autor de 'La colmena' y 'Los santos inocentes' vive su retiro cántabro de Ruiloba con lucidez y escepticismo.

-Siempre ha preferido el término 'artesano' al de 'autor'.

-En las entrevistas uno siempre dice lo contrario de lo que piensa... Nuestro oficio es excéntrico, complicado. Pero no deja de ser artesanal. Te pueden enseñar a escribir sonetos, no a ser poeta. Ser director de cine está magnificado, como si fuéramos taumaturgos que convierten las piedras en oro. Este es un oficio mancomunado y lleno de artesanías pequeñas.

-¿Repasa sus películas y encuentra constantes entre ellas?

-Claro. Son el vehículo con el que me he expresado a la largo de mi vida, gracias a ellas soy persona. También están para que los críticos escriban. En España hay un excesivo número de críticos. Vivimos una obsesión por ser árbitros: enciendes la televisión y ves a un chiquito compungido ante tres señores que le dicen cómo tiene que actuar. ¿Y ellos qué saben? Ser juez en España gusta mucho.

-¿Ha disminuido su ansiedad por hacer películas?

-Nunca la tuve. En este país sueñas con hacer una y meterte en la profesión como sea. Yo tenía 25 años cuando rodé la primera, y me consumí pensando si iba a poder terminarla. Como para estar pensando en una carrera.

-¿Cómo ha cambiado su forma de entender el oficio?

-Bueno, te desmontan de la bici, montas otra vez, avanzas otro trecho, vacilas... Y así durante cincuenta años, un coñazo. Pero cuando lo has vivido es como si hubieras pasado los Alpes. Ahora estoy en las etapas llanas.

-¿No se le cayeron los anillos por rodar películas para Raphael ('Digan lo que digan') o Marisol ('Los días del pasado')?

-No tenía anillos... Los jóvenes teníamos que entrar en la profesión, y no estaban los tiempos para desaprovechar una oportunidad. Años después tuve unos momentos estúpidos en los que me lamenté de haberlas hecho. Pero gracias a ellas aprendí el oficio.

-'El prado de las estrellas' transcurre en su bucólica Cantabria rural. Huye de la ciudad.

-Vivo allí, es mi territorio de la infancia: Ruiloba, la playa de Gerra... Aparte de ser una cinematografía invadida, en el cine español siempre ha habido mucha desproporción entre las películas capitalinas y las periféricas. Un disparate.

-Jaime de Armiñán estrena hoy en el festival su última película, que llevaba tres años en la lata. A los veteranos les es más difícil hacer cine que a los primerizos.

-Salvo a Carlos Saura, que está apuntado al musical: cuando no está con el fado es la salsa. Creo que el debutante disfruta de una subvención inmediata, aunque no me hagas mucho caso... Nosotros tenemos que admitir que nuestro público también es veterano. La generación que iba al cine en los años 80 ahora ve DVD. Tengo 74 años. No puedo lamentarme que no vayan a ver mis películas, supongo que las compran en DVD por nostalgia. Yo veo dos películas diarias en mi casa, entre otras cosas porque en Santander han quitado todos los cines. Y no voy a ir a un centro comercial para oler esa mierda de las palomitas...

Zapatero grato

-¿Le gusta el cine español que ve?

-Lo veo todo, pero con retraso. Como nadie me pido cuentas... Los viejos tenemos la manía de dar consejos y de ser dogmáticos, dos cosas que odio. Técnicamente, el cine actual llega a un virtuosismo impresionante, los jóvenes han nacido con la imagen.

-¿Se siente sobrepasado por las nuevas tecnologías?

-No sé usar un ordenador ni una cámara digital. Si ni siquiera sé conducir... Pero para escribir sólo hace falta tener algo que contar, ¿no? Y no ser ampuloso ni retórico, como las columnas de Manolo Alcántara. Siempre se va para adelante, siempre se mejora.

-Hoy forma Gobierno Zapatero. ¿Qué le recomendaría?

-Nada, si sigo descubriendo cosas tras cincuenta años de oficio, ¿qué le voy a aconsejar? Zapatero me resulta grato, no me molesta. Hombre, me gusta más mi paisano Rubalcaba, pero Zapatero pretende conseguir la armonía y el acuerdo. Y los filósofos siempre han dicho que esas intenciones de proximidad hacen la vida de un país más agradable.
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