
El desmantelamiento de estas edificaciones ha indignado a los residentes en el enclave. Su queja alcanza incluso las Juntas Generales de Vizcaya. De hecho, el apoderado del PP Arturo Aldecoa denunció ayer los hechos ante la Diputación, el departamento de Cultura del Gobierno vasco y la propia Ertzaintza. «No tiene perdón de Dios que se derribe un edificio histórico para llevar a cabo negocios inmobiliarios», protestó.
El escrito se sustenta, principalmente, en el hecho de que tanto el caserío número 7, demolido hace ya un par de meses, como el bloque siguiente, cuyo derribo parece inminente, aparecen en las Normas Subsidiarias de Zalla de 1998, todavía vigentes, como inmuebles propuestos para su protección municipal. No es el único registro en el que figuran. Según Aldecoa, los edificios también constan en el patrimonio cultural a conservar por el Gobierno vasco. «Mientras esta declaración se formaliza, los intereses especulativos están destruyendo para siempre este patrimonio», advirtió el dirigente popular en su denuncia.
Esta protesta, sin embargo, no ha causado demasiado revuelo en el Consistorio de Zalla. Su alcalde, Leandro Kapetillo, se mostró tranquilo y afirmó que todo lo hecho se ajusta a la legalidad. «En 1994 se aprobó el plan parcial para la construcción del polígono. Entonces hubo un plazo de alegaciones y no se presentó ninguna», recordó. Ésta no es su única baza. El edil mostró a EL CORREO la lista oficial con los inmuebles propuestos para su declaración como monumentos. En ella figuran 22 edificios entre torres, palacios, ermitas y caseríos. Y ninguno está en Longar. «Esta polémica la ha causado un vecino que quería engrosar su patrimonio a cuenta de los bienes públicos», afirmó.
«No nos pertenece»
De momento, ajena a esta situación, una familia habita en el histórico caserío. La forman una mujer mayor y sus dos sobrinas, que conviven con varios gatos y perros. «He vivido aquí toda la vida y tengo 46 años, pero esto no nos pertenece», reconoció Marisa, una de las inquilinas. La casa sigue en pie por ellas, aunque han acordado con la promotora pasarse a otra vivienda que la firma les ha arreglado. Para su traslado pueden quedar días u horas. Los mismos que le quedan, seguramente, al centenario edificio en torno al cual pasean a diario las excavadoras, como verdugos metálicos.










