
Esta circunstancia motivó que, una legislatura después, con Félix Ormazabal como diputado general, el nuevo titular de Agricultura, José Antonio Suso, también del PNV, contratara sólo la red de distribución, no la que permitiría llenar la balsa ni el embalse. Estas dos obras fueron adjudicadas en 2002, bajo el mandato de Gabriel Chinchetru, ya en el primer Gobierno foral del PP, con el objetivo llevar agua al campo en 2004.
Nada más lejos de la realidad. En otoño de ese año saltó la polémica. La presa tenía filtraciones. Un año más tarde, el nuevo diputado de Agricultura, el popular Eloy López de Foronda, salvó una moción de censura. Los nacionalistas le acusaban de ocultar datos relacionados con el llenado del embalse.
Poco después, el autor del proyecto, Julio López -asesora a la comunidad de regantes- sugería en las Juntas Generales gastar otros 3,6 millones de euros para impermeabilizar el fondo del embalse. Expertos consultados por EL CORREO no ven viable esta solución. «Supondría alisar paredes y lecho de medio millón de metros cuadrados, arenar toda la superficie, instalar una capa geotextil para proteger la lámina final impermeable que hay que soldar. No se ha hecho nunca en una presa de estas dimensiones», aseguran. De hecho, el Gabinete Rabanera no tuvo en cuenta la sugerencia.
La vuelta al poder del PNV ha colocado a la jeltzale Estefanía Beltrán de Heredia al frente de Agricultura. A ella le toca ahora decidir el futuro de la macrobalsa con múltiples desagües.





