
Y es que, con el objetivo de preservar la Sierra de Cantabria, uno de los parajes más solicitados por las empresas para sus bodegas, el Gobierno vasco y la Diputación han acordado que la distancia entre las firmas vitivinícolas debe ser mayor de 500 metros. Se reducirá, de esta forma, el número de nuevas construcciones en la Sierra de Cantabria y, al mismo tiempo, paralizará otros proyectos que ya están en marcha, como el de Freixenet.
El problema radica en que el terreno adquirido por la firma catalana está demasiado cerca de la recién acabada bodega de Casalbor. «No podemos dejar que se escape una inversión así. Ellos están interesados en el pueblo y nosotros, en que estén aquí porque supone un proyecto muy importante para impulsar aún más el turismo», confesó a EL CORREO la alcaldesa María Jesús Amelibia.
La regidora nacionalista aseguró, asimismo, que no quiere que ocurra lo mismo que sucedió con el Grupo Torres y García Carrión, que, al final, optaron por establecer en la vecina localidad de Labastida.
Retraso
Según explicó Amelibia, la construcción del complejo de Freixenet presenta problemas con la altitud a la que se quiere ubicar. «Están un poco estancados porque no sabían muy bien qué es lo que tenían que hacer para obtener el visto bueno de Medio Ambiente. Pero si se ha podido hacer una bodega a la misma altura, ellos no tendrán problema», destacó.
La alcaldesa confirmó que el Consistorio se ha prestado a ayudar a la empresa para agilizar los trámites necesarios de cara a iniciar las obras. «Queremos darles la licencia antes de que entre en vigor el nuevo PTP para que el proyecto salga adelante», aseguró.
En concreto, Freixenet quiere construir un complejo dedicado al vino de 12.000 metros cuadrados, con una producción anual de un millón de litros. Al igual que lo hiciera el Grupo Domecq con Santiago Calatrava en Ysios, en la Sierra de Cantabria, o Marqués de Riscal con Frank Gehry, en Elciego, la marca catalana maridará en su obra vino y arquitectura de la mano del japonés Toyo Ito.
Con este proyecto, que supondrá una inversión de veinte millones de euros, Freixenet se introduce de lleno en el jugoso mercado del 'rioja' con una marca propia. Y es que en 2004 compró la bodega de Santamaría en Laguardia, que ahora comercializa con el nombre de Solar Viejo.





