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El coloso hunde ya sus pilares a 20 metros de profundidad en las entrañas de Bilbao

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El Guggenheim es el edificio de referencia de Bilbao, poderosa imagen de modernidad del País Vasco, pero a su lado le ha salido un competidor que le hará sombra. La Torre Iberdrola, con sus 165 metros de altura, tiene reservado el primer puesto en la historia de la construcción del País Vasco al convertirse en su techo arquitectónico dentro de tres años. El tajo crece a la vera del museo en la zona de Abandoibarra, la vieja ribera industrial de la ría recuperada para la ciudad, en una excavación que está a punto de concluir la fase de cimentación. El hueco es impresionante, una especie de 'zona cero' que marca la renovación de la capital vizcaína y el ascenso del coloso. Aquí hundirá sus raíces un edificio de oficinas de 40 plantas y 50.000 metros cuadrados.

En una visita guiada por los responsables de la obra para EL CORREO, los cimientos muestran ya todo su alcance y complejidad. A 20 metros de profundidad, las cifras también son vértigo. La torre, que se acompaña de dos bloques de viviendas en el mismo tajo, está protegida por 400 metros lineales de muros-pantalla de un metro de ancho, capaces de soportar la presión de un entorno próximo a la ría. El pozo sobre el que se levantará el rascacielos tiene 259 anclajes subterráneos de cables de acero que, sumados, superan los 10 kilómetros de longitud. Así se sostendrá el edificio más alto de Euskadi. Los pilares de la torre.

El rascacielos de Abandoibarra, futura sede de Iberdrola y motor económico de la ciudad, está a punto de cumplir su primer hito después de la colocación de la primera piedra hace ahora un año -19 de marzo de 2007, en vísperas de una Junta de accionistas-. De nuevo en las cercanías de un cónclave de igual trascendencia, que se celebrará este jueves en Bilbao con la intervención del presidente de la compañía eléctrica, Ignacio Sánchez Galán, el edificio ultima el paquete de cimentaciones, la primera fase de obras de envergadura. Éstas son las raíces terrenales de una empresa con más de cien años de raigambre en el País Vasco.

La actividad ha sido febril desde que se inició el tajo, aunque haya podido pasar desapercibida porque toda la labor se ha ejecutado por debajo del nivel de la calle. El reto era extraer 82.000 metros cúbicos de tierras, más de la mitad correspondientes al hueco que ocupará la torre, sin interferir demasiado en la vida de la ciudad. Un año después, apenas quedan por sacar 10.000 metros cúbicos.

Trasiego de hormigón

El trasiego de camiones ha sido y es constante, ya que la flota está centrada en la descarga de hormigón. Las cifras vuelven a ser de órdago. El récord está en 260 cubas en una sola jornada. No es de extrañar que los promotores de la torre trabajen con varias cementeras a la vez para garantizarse el abastecimiento de su 'materia prima'.

El foso es un decálogo de la edificación en altura. Las pantallas de protección han bajado hasta los 18 metros de profundidad, al encuentro con la roca. Sobre ella, los pilares se han empotrado otros dos metros. Aquí, en la 'zona cero', hay dos tipos de cimentaciones. Los bloques de pisos, que llevarán el sello de Carlos Ferrater, crecerán sobre 107 pilotes de 1,5 metros de diámetro cada uno y rellenos de hormigón. Se trata de un trabajo más convencional, todo lo que permite la dificultad de un hueco encajado entre otras obras en marcha en Abanboibarra, emblema urbano de Bilbao.

La cimentación del rascacielos de oficinas, diseñado por César Pelli -autor de las torres Petronas de Kuala Lumpur (450 metros de altura)-, sigue otras directrices, inéditas en el País Vasco por el tamaño del bloque. A diferencia de los pisos, que hunden sus pilares por el terreno, la construcción del gigante ha obligado a excavar todo el vaso sobre el que reposará su base y sacar la tierra. Al aire queda ya el pozo y la cabeza de los anclajes de los muros, algunos de ellos bañados por un reguero de agua, debido a que el nivel freático comienza a los tres metros de profundidad y el foso cae mucho más abajo que el nivel de la ría.

Las filtraciones son constantemente bombeadas, hasta que la tierra deje de llorar, a un depósito que separa el agua del fango. Una vez decantado, devuelve el caudal a la red general de aguas para su tratamiento en la depuradora de Sestao. Como el tajo está próximo a los colectores de saneamiento, los promotores de las obras han reforzado la seguridad con la construcción de un 'puente subterráneo' que protege la tubería. Una serie de sensores evalúan la evolución de la obra y su posible impacto. Hasta ahora, todo OK.

El núcleo

El rascacielos crecerá arropado por las pantallas de refuerzo y desde abajo del todo, sobre una capa de hormigón de hasta cuatro metros de espesor -la zapata- entre la roca y la base del inmueble. Es lo que se llama cimentación directa. El elemento constructivo más singular de esta megaestructura será el núcleo, una tubería central que recorre todo el tronco del edificio a lo largo de sus 165 metros más los cinco sótanos. Se trata de una especie de hueco de escalera de 500 metros cuadrados de superficie por el que se tenderán los ascensores, entre otras infraestructuras, recubierto de hormigón armado. Será su esqueleto, la columna vertebral que dará el equilibrio a la torre.

Algo muy importante para un edificio tan alto, expuesto a rachas del noroeste, las que pegan fuerte en Bilbao. Sus responsables han examinado la resistencia del edificio a vendavales en un túnel del viento, parecido al de los ciclistas. Por medio de una maqueta a escala comprobaron sus características aerodinámicas, pues es necesario que el bloque no sea rígido para que no cruja ante condiciones meteorológicas extremas. Esto es lo se denomina el 'efecto vela'. El rascacielos, en sus plantas más altas, estará capacitado para balancearse hasta 20 centímetros. Siempre es mejor un diseño circular que uno cúbico para capear el temporal. La torre de Abandoibarra, cuya altura será como dos torres KIO -una sobre otra-, es de planta triangular y formas curvas.

A finales de año marcará otro hito. Saldrá del 'agujero' para crecer de verdad, a velocidad de vértigo: una planta por semana. El tajo irá rápido, como sus ascensores. Si uno convencional recorre un metro por segundo, los de este rascacielos de 40 pisos 'volarán' a 6 metros por segundo.
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