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De Irisarri novela en 'La artillera' «el pleno horror» de la Guerra de lndependencia
La escritora e historiadora zaragozana reivindica la memoria de las mujeres que acompañaron a Agustina de Aragón y se alzaron contra los franceses

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De Irisarri novela en 'La artillera' «el pleno horror» de la Guerra de lndependencia
ÉXITO. La escritora Ángeles de Irisarri, la pasada semana en Bilbao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Ella pidió comida y él se la dio. Nada extraño. Hay que conocer el contexto para sorprenderse como se sorprendió la escritora e historiadora zaragozana Ángeles de Irisarri mientras preparaba su última novela, 'La artillera', ambientada durante los dos asedios a la ciudad de Zaragoza allá por 1808, en la Guerra de la Independencia. 'Ella' era la madre Rafols, una monja catalana que servía en un hospital con unas 4.000 plazas, enorme para la época. «Tenía hasta ala para locos, algo raro, porque hasta entonces los locos estaban en la cárcel», explica la autora.

Total, que, en pleno asedio a la capital maña por parte de los franceses, los locos «van y se escapan y salen corriendo y aullando por las calles. Imagínate qué era aquello», describe De Irisarri. Entre gritos y cascotes de la ciudad semidestruida, alcanzaron el campamento francés. «La madre Rafols se subió a un carro, cogió un paño blanco y fue tras ellos», relata la escritora como si contara un cuento, pero teniendo muy presente que ocurrió.

«Pidió a los franceses que le devolvieran sus locos y, claro, lo hicieron», se ríe. «Luego les pidió comida y se la dieron. Y muchas veces volvió a pedírsela y siempre se la dieron. El mariscal Lannes le enviaba gallinas incluso después de la guerra. Decía que no sabía por qué, pero que aquella mujer le movía el corazón».

Esta anécdota «real» es una de las muchas que De Irisarri ha recogido para construir su última novela, 'La artillera'. El personaje principal es Agustina de Aragón, el título lo deja claro, pero junto a ella hay otras nueve mujeres que se sumaron al levantamiento contra los franceses en 1808.

«Quería retratar todas las clases sociales, y para ello cuento con siete mujeres que existieron y otras tres que me invento», explica. Al comienzo de la novela, el 24 de mayo de 1808, las diez coinciden en la plaza del mercado, en un puesto de refrescos, y allí se enteran de que los ciudadanos han declarado la guerra al emperador francés José Bonaparte o, lo que es lo mismo, el Pepe Botella de las malas lenguas ibéricas. Éste llegó a rey porque Fernando VII había cedido sus derechos dinásticos a Napoleón.

La primera sargento

El argumento da cuenta de sus vidas hasta el 21 de febrero de 1809, día de la capitulación. Para entonces, de las 80.000 almas que había en Zaragoza, entre la guerra y la peste, quedaban 12.000. «Esta defensa los franceses no se la habían encontrado en ninguna parte», dice De Irisarri. «El pleno horror, el hambre que hacía que comieran gatos y perros y chuparan cuero, las montañas de cadáveres que nadie recogía porque había más muertos que vivos», es lo que describe 'La artillera'.

La novela narra además el horror desde la perspectiva de las diez mujeres, heroínas anónimas la mayoría, que lucharon al grito de 'Vencer o morir' como los hombres. La heroicidad y la vida cotidiana se dan la mano en la novela. Venían a ser la misma cosa en «una guerra hasta debajo de la tierra. Los franceses hacían un túnel, metían explosivos y todo saltaba por los aires. Cuando se despejaba el humo, aparecían en cualquier parte a matar a los ciudadanos», explica la escritora.

Las mujeres no sólo proveían a los hombres de comida, agua y aguardiente, sino que organizaban el reparto de ayuda -como la condesa de Bureta-, se encargaban de heridos y muertos y hasta disparaban. «Yo me imagino a Agustina corriendo hacia la batería, prende la mecha y dispara el cañón. Mató a muchos franceses que entraban a la ciudad en ese momento y el resto huyeron», se emociona.

Con la gesta se convirtió en la primera mujer sargento, con galones y sueldo, de España. En una leyenda. Y a veces en el saco de los golpes: «A algunos no les sentaría nada bien la historia». Como casi no se sabe nada de su biografía antes de la guerra, ni de ella ni de las otras mujeres, el espacio está libre para novelar. Toda una suerte para un escritor.
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