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DEPORTES LA RIOJA
Adiós a la UEFA
El Athletic paga su falta de autoridad en Riazor y encaja una contundente derrota que limita su objetivo de alcanzar la plaza de la Copa Intertoto
14.04.08 -

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Adiós a la UEFA
SIN FORTUNA. Llorente fue uno de los pocos rojiblancos que se salvó en el duelo de ayer en Riazor. / REPORTAJE GRÁFICO: IGNACIO PÉREZ
En cuanto la Liga se puso exigente para el Athletic y le demandaba un golpe de autoridad en Riazor para reafirmar sus opciones de alcanzar la Copa de la UEFA, se vino abajo de una forma lastimosa. A más presión por arriba, peor respondieron los rojiblancos. Ahora ve cómo le separan ya ocho puntos del sexto puesto, en manos del Sevilla, una barrera que se antoja infranqueable a falta de seis partidos.

De paso, llegó a su punto final la racha más fascinante que ha vivido este equipo en las tres últimas temporadas. Seis partidos consecutivos sin perder se fueron por la borda ante un Deportivo muy superior y que además se vio favorecido por Daudén, que se sacó de la manga el penalti del 2-0.

Joaquín Caparrós refrescó su equipo con un par de cambios. Uno era obligado, el regreso de Koikili por la lesión del Del Horno. El otro, con ánimo de rotación. El utrerano devolvió a Susaeta al filial y dio paso de nuevo en su alineación a David López. De nada le sirvió la estrategia motivadora. La premonición de los hinchas más agoreros se confirmó. Con el objetivo de la permanencia alcanzado, el equipo rojiblanco no tuvo chispa por ningún lado.

No hay línea que lo simbolice mejor que la defensa. Sobre ella ha gravitado la obra de Caparrós, pero ayer estuvo fuera de onda todo el partido. El Deportivo marcó tres goles y estrelló dos balones en los palos, lo que de paso aumenta la leyenda de Armando con esta suerte.

En el primer gol gallego, la defensa estuvo fuera de sitio y parecía abanicarse en lugar de hacer frente a la jugada gallega. Su pasividad queda reflejada en un único dato. Los tres centrales del Deportivo tocaron de cabeza la falta que provocó el 1-0. Primero lo hizo Pablo Amo, luego Lopo y por último Coloccini. Para entonces, Armando ya estaba dentro de su portería sin nada que poner oponer al desaguisado.

Caparrós apostó de nuevo por Garmendia como enganche entre Yeste y Llorente. Este sistema está hecho a la medida del 10 rojiblanco, que con las bajadas de su paisano de Basauri cuenta con más libertad de movimientos. Si, como sucedió en la primera media hora ante el Espanyol, el balón pasa por Yeste, el Athletic ofrece un juego ingenioso. Pero en cuanto los medios rivales, como hizo ayer Sergio, cierran sus movimientos, se atasca sin remedio. Para colmo, ayer el equipo se olvidó de las bandas.

El Deportivo llegó a estar a cinco puntos de la salvación. Miguel Ángel Lotina, que había llegado con una promesa de buen juego, aprendió la lección. Era necesario apretujar y dejar menos espacios atrás. Pasó desde entonces a jugar con tres centrales. Con un marcador a favor desde la media hora, la fortaleza atrás permitió a los gallegos manejarse con holgura.

El Athletic necesitaba en ese momento lo que nunca tuvo, velocidad para sorprender. Por este lado, sólo se vio desinhibido a Javi Martínez, el que más empujó contra la portería de Aouate.

Las injusticias

En la segunda parte, los rojiblancos salieron dispuestos a acorralar al Deportivo, que en esos momentos es cuando más exigido se vio. Javi Martínez e Iraola rozaron el gol, pero al poco llegó la jugada del segundo tanto.

Fue una injusticia tremenda el penalti señalado a Amorebieta sobre Riki, precedida además de otra porque Lopo instantes antes debía haber visto la segunda amarilla por una falta a Llorente cuando el riojano entraba al área. Lo cierto es que Daudén, que se pasó todo el partido en el círculo central, vio desde allí lo que nadie. Amorebieta lamentó y maldijo al árbitro. «No le he tocado. He sacado el balón. A los colegiados les deberían sancionar por estos fallos».

A partir de ahí, el Athletic perdió definitivamente de vista la pelota. Hasta el último instante del partido remó al dictado de un Deportivo lanzado. Caparrós reaccionó dando entrada a Muñoz y convirtiendo a Martínez en central, pero ya era tarde. El Athletic no había tenido hasta entonces centrocampistas puros capaces de trenzar juego y cuando apareció el que lo podía hacer todo el pescado estaba vendido.

Fue entonces cuando Riki, sustituto del sueco Wilhelmsson, dejó su huella por la izquierda. Recogió un balón que perdió Llorente y se lanzó a un veloz contragolpe que resolvió Filipe con un toque sutil ante la salida a la desesperada de Armando.

El resultado final supone un duro golpe para el Athletic. Cuando debía dar un paso al frente, le dio un ataque de pánico. El equipo de Caparrós se mostró siempre con un punto físico inferior a su rival, le faltó un estilo definido y se mostró raquítico en todas las zonas del campo. No tuvo firmeza atrás, claridad para la construcción ni un ataque que inquietara de verdad al sólido Deportivo. A este tipo de retos hay que venir con más descaro, porque sino lo más probable es que suceda lo que ocurrió, que el rival te apalee.

Conforme se acerca el final de la temporada se aclaran las metas del Athletic. La UEFA se ha colocado a una distancia inalcanzable. Menos mal que la derrota del Espanyol ante Osasuna mantiene intactas las esperanzas de alcanzar la Copa Intertoto. Con el Almería sin inscribirse en el torneo, la lucha queda entre el equipo de Valverde, el Deportivo y el Athletic. Por este lado llega el único consuelo. Eso sí, los rojiblancos deberán ofrecer actuaciones más cuajadas que las de ayer para atrapar el premio. 0 3
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