
La imagen más extraña se produjo, una vez más, cuando los tres se subieron al cajón más alto, para hacerse la foto. Se sujetaron entre ellos, pero los dos españoles ni se vieron, a diez centímetros de sus narices. «¿Que se besen, que se besen!», cantó la afición española, en un vano intento de lograr lo que el Rey consiguió por unos segundos en Jerez. No hubo ni besos, ni un mero saludo. Mantuvieron en silencio ese debate que sus seguidores perpetúan en los graderíos.
«Ves, Lorenzo les va a dar tela a Pedrosa y a Rossi, es un monstruo», dice Carlos Jerez, un clásico de Estoril. Un aficionado que es 'lorencista' sin dejar de ser 'pedrosista'. Rara avis. Un incondicional de la moto que acude al Gran Premio de Portugal desde que comenzó a disputarse en este circuito, el año 2000. Trabaja en la Opel-General Motors de Zaragoza, pero su amor por el motociclismo nació en su Guadalajara natal. Integrante de las peñas de moteros de Brihuega, es otro 'piloto' más del Mundial. Un habitual de las 'cuatro carreras' españolas, incluida la de Estoril. En la localidad portuguesa es conocido por su bandera. Lleva años colocando la enseña roja y amarilla en el balcón del hotel donde se aloja. Allí duerme toda la noche, hasta que Carlos la recoge por la mañana para ir al circuito.
Sami, su amigo, es 'pedrosista': «Ya verás, mucha 'pole' y mucha victoria, pero a la larga vencerá Dani. Esta es su temporada». Carlos le responde: «Como Pedrosa no gane este año, se le acabó el arroz, porque Jorge llega fuerte».
Embutido y cena caliente
La pasíón de este manchego por la moto es impresionante. «Llegamos el viernes de Zaragoza y nos vamos directamente al circuito. Llevamos nevera y toda clase de embutidos para comer en las gradas y poder ver todos los entrenamientos. La comida caliente la dejamos para la noche, en los restaurantes de Cascais».
Como todo aficionado que se precie, la charla nocturna se centra en los pilotos y sus posibilidades. Se hacen apuestas respecto a los resultados del domingo en las tres carreras. Unas apuestas que se extienden a las dieciocho pruebas del campeonato.Y se observan detenidamente las motos aparcadas, sea en Cheste, en Montmeló o en Estoril. Se valoran aspectos técnicos y sus detalles. Sólo con escuchar el sonido de la arrancada de una máquina, sin verla, sabe de qué marca es. «Esa es una Ducati, es inconfundible». Salimos del pub, miramos y lo confirmamos. Estos aficionados son de otra pasta. Como los pilotos.





