
CRONOLOGÍA
«Tengo miedo de que le peguen un tiro o le metan una cuchillada a alguien», advierte Joseba Bilbao. El propietario de la gasolinera de Sopelana es el peor parado, ya que le han atracado un par de veces el mes pasado, pero él confiesa que «el dinero que se llevan no tiene tanta importancia, sino lo mal que se quedan los trabajadores después de pasar por un trance así. Yo les he dicho que no se les ocurra hacer frente a estos individuos, pero la verdad es que tienes miedo por lo que les pueda pasar».
Los jóvenes ladrones han sido ya identificados por algunas de sus víctimas. Aseguran que son de etnia gitana y, según los testigos, un par de ellos ni siquiera llega a la mayoría de edad. En cuanto al cabecilla, calculan que debe de tener «19 ó 20 años y que lleva su nombre, 'Mikel', tatuado en una mano». La Ertzaintza mantiene el mutismo de rigor, que se impone cuando un asunto de estas características está bajo investigación policial. Los jóvenes están en búsqueda y captura, tras atracar la gasolinera de Sopelana en dos ocasiones en marzo. Ese mismo mes asaltaron la de Loiu, cerca del cruce de Asua.
La primera estación de servicio en la que actuaron fue la del barrio de Andra Mari, situada en el municipio de Getxo. «Al parecer robaron un coche, un 'Opel Vectra' antiguo, en Sestao, y aparecieron aquí a las 21.21 horas. Estuvieron en la tienda de la gasolinera, comprobaron el baño y se cercioraron de que sólo había una chica despachando», explica Iker Goñi, responsable del establecimiento getxotarra.
Un 'cúter' en el cuello
Goñi explica que luego volvieron al coche para salir del lugar y regresar de inmediato: «Entonces, tres de ellos entraron directamente en la caja y se llevaron todo el dinero que había, incluso el bolso de la empleada, a la que amenazaron poniéndole un 'cúter', una herramienta de corte muy afilada, en el cuello. Tardaron sólo 32 segundos en llevar a cabo el robo». Minutos después, la banda se trasladó a la gasolinera de Loiu para intimidar con el mismo 'cúter' a la única trabajadora que estaba en la tienda de la estación. Al parecer, el coche utilizado apareció quemado en Bolueta, según la versión de algunos testigos.
En todos los casos, los jóvenes se pusieron las capuchas de sus chamarras para llevar a cabo los robos sin ser identificados. La gasolinera más perjudicada fue la de Sopelana, donde cometieron un par de atracos el pasado mes de marzo. El primero de ellos tuvo lugar el día 20. Sobre las 20.15 horas, un 'Ford Escort' entró a gran velocidad en la estación de servicio, cuando los dos operarios que trabajaban se hallaban en el interior de la tienda. Allí accedieron dos de los jóvenes, con el objetivo de inspeccionar el establecimiento. Tras salir del mismo, volvieron a entrar encapuchados junto a otros dos compañeros que aguardaban dentro del vehículo.
«A mí me empujaron contra la puerta, me inmovilizaron un brazo poniéndomelo en la espalda y me colocaron una navaja a la altura del omóplato», recuerda Aitor Fernández. A su compañero le amenazaron con otra arma blanca, «que tenía una hoja de unos ocho dedos de longitud. Se la pusieron en el cuello», dice Fernández, que emplea un nombre falso porque asegura sentir miedo. Inmediatamente, la banda desvalijó la caja. En esta ocasión, uno de los ladrones hasta aprovechó para llevarse unas patatas fritas de aperitivo.
Segundo atraco
Sólo dos días más tarde, el 22 de marzo, la banda regresó a la misma estación de servicio de Sopelana. Según les vio llegar, el único empleado les reconoció antes de que detuvieran el vehículo. «El trabajador rápidamente se introdujo en el establecimiento, tratando de bloquear las puertas de entrada, mientras observaba cómo los dos varones ocupantes de los asientos delanteros del vehículo se tapaban las cabezas con unas capuchas», recoge la instrucción de la denuncia efectuada en la Ertzaintza. En esta ocasión, uno de los jóvenes empuñaba una pistola. Por casualidad, el sistema de seguridad de las puertas no funcionó esa vez, de modo que el trabajador optó por salir de la tienda y quedarse a unos metros de distancia. «Entraron muy rápido. Se dirigieron directamente a la caja registradora y se la llevaron. Dentro -explica el propietario de la gasolinera- había más de 500 euros».
Tras los dos atracos sufridos, Joseba Bilbao ha reforzado las medidas de seguridad de las estaciones de servicio que administra, situadas una frente a la otra, en la carretera Bilbao-Plentzia. Las puertas de la tienda disponen de cierre electrónico y las imágenes de las cámaras de ambas están conectadas.
«Aunque pones todas las medidas necesarias, sabes que lo importante son las personas. Uno de los empleados está aterrorizado. Tiene pánico a que le vuelvan a atracar», concluye Bilbao.




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