Ahora está de moda ensalzar a cualquier profesional de lo que sea comparándole con la copa de un pino. Yo entiendo que para dar fe de la importancia de un señor se busque algún término comparativo importante, pero díganme ustedes ¿qué importancia tiene, ni en calidad ni en volumen, la copa de un pino, habiendo árboles que superan en frondosidad a las coníferas?
Si queremos dar fe de la velocidad de alguien, decimos que corre como alma que lleva el diablo y yo pregunto ¿alguien conoce la velocidad máxima que puede alcanzar el diablo cuando lleva un alma debajo del brazo? Y sin embargo ahí tienen esta frase absurda ocupando un lugar de privilegio en nuestro lenguaje coloquial.
Cuando nos enfrentamos con un niño que se encierra en su mutismo, la frase obligada es ¿te ha comido la lengua el gato? Me he preguntado muchas veces quien pudo ser el que inventó esa frase, porque puestos a comer, más lógico es que se la coma el perro que el gato.
Hay, no obstante, una frase coloquial que aunque no se entiende ni poco ni mucho se sabe al menos su origen porque se la debemos a uno de los poetas que admiro sinceramente: don Antonio Machado. Sobre todo por ese poema magnífico en su forma y en su fondo que dedicó «a un olmo viejo partido por el rayo y en su mitad podrido» al cual «con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido».
Pero a don Antonio se le ocurrió incluir entre sus 'Canciones' este pareado en mi opinión tontorrón pero que todo el mundo escribe y repite cada vez que llega , año tras año, la estación florida: «La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido». Frase absurda porque todo el mundo, más o menos, conoce el origen de la primavera.
Y como se acabo el espacio disponible, otro día más Deo volente.









