Eran pocos los que creían que el sudafricano aguantaría el 'tirón' el sábado. Sin embargo lo hizo, y los gestos de satisfacción de los 'grandes' empezaron a torcerse. Así se llegó al último recorrido, en el que 'El Tigre' necesitaba remontar nada menos que seis golpes para aspirar al título. Los primeros nueve hoyos fueron relativamente tranquilos, sin grandes sobresaltos. Pero la emoción se desató en el 16, cuando Immelman flaqueó en su concentración y lanzó la bola al agua en un par 3. Firmó un 'doble bogey' que daba esperanzas al estadounidense, siempre al acecho -se colocó a sólo dos impactos de su rival-.
La familia del sudafricano era un manojo de nervios. Immelman se recompuso y salvó sin apuros el 17, pero el destino le deparaba un 'regalito' en el 18. Su bola -y mira que hay metros en la calle- fue a caer en el centro de una 'chuleta'. El siguiente golpe le pudo costar el torneo, pero el de Ciudad del Cabo hizo gala de su recién estrenado temple y sacó a relucir lo mejor de sí mismo para salvar una situación extrema. Tiger, sin embargo, estuvo muy fallón. El número uno también tiembla a veces.





