Hechos esos cambios, el artículo resulta de máxima actualidad vasca: «El inexpugnable Ku Klux Klan, perfecta maquinaria de terror con sus cruces llameantes y sus capuchas blancas, se diluyó al alejarse del poder institucional empujado por la deslegitimación política y social», escribe Imaz, quien resalta cómo «la pérdida del poder político local debilitó la potencia de la red de intimidación».
La pérdida del poder local debilita la capacidad de intimidación de los terroristas, en Euskadi igual que en Alabama, ya que el poder local es el último refugio de la trama que encabeza ETA y que pretende ejercer el poder a través de sus vicarios políticos mientras asesinan a sus adversarios e intimidan a quienes se oponen a los encapuchados.
El PSE y el PNV, como partidos mayoritarios, están estos días ante un reto de primer orden: tienen que conseguir terminar la operación en la que se han embarcado para apear a ANV de la Alcaldía de Mondragón no sólo por su incapacidad para distanciarse del crimen, sino por pretender administrar las ventajas que procura el terror. La forma en que se han desarrollado los acontecimientos no hace fácil terminar la operación porque hay partidos y sectores de partidos que se oponen a quitarle el poder a ANV o porque quieren aprovechar este asunto para ajustar cuentas internas, tal como pasa en el seno del PNV y de Ezker Batua.
Además, en los partidos hay miedo al miedo de sus cargos locales, miedo a que se produzca una espantada como ocurrió con los electos de Ondarroa -con la excepción del edil popular-, miedo que el entorno de ETA se ocupa de mantener vivo con ataques a las sedes de partidos y con amenazas permanentes. Ese temor -y la división entre los partidos- hace que ya nadie piense -salvo el PP- en echar a ANV de todas las alcaldías que ocupa sin mayoría absoluta. Sin embargo, Mondragón se ha convertido en un símbolo. Si los demócratas no son capaces de quitar el poder a ANV estaremos ante una victoria simbólica de ETA y su entorno político, una victoria que será el aliento de futuros atentados porque habrán demostrado que pueden matar sin pagar precio político por ello.
f.dominguez@diario-elcorreo.com







