
El papel de Moraleda ha estado muy cuestionado desde que accedió al cargo en septiembre de 2005 en sustitución de Miguel Barroso. Durante estos años, dirigentes del Partido Socialista han tachado su gestión de «poco eficaz» y no han dudado en tachar de «error» su designación. Antes de acceder a este puesto, había sido secretario de Estado de Agricultura. En su lugar llega Nieves Goicoechea, periodista proveniente de la Cadena Ser.
La nueva secretaria de Estado de Comunicación entrará a formar parte del 'círculo de confianza' de La Moncloa, en el que continúa José Enrique Serrano como jefe del Gabinete de Presidencia. Su mano derecha será Bernardino León, hasta la fecha 'número dos' de Asuntos Exteriores. El nuevo secretario general de Presidencia, cuyo nombramiento será oficial en los próximo días, ha sido el principal colaborador de Miguel Ángel Moratinos y está considerado como un diplomático «brillante y muy discreto». Entre sus misiones estará la de intentar mejorar la imagen internacional de Zapatero. Algunas informaciones le consideran uno de los negociadores con ETA durante el pasado alto el fuego, algo que él siempre ha negado.
Su incorporación y la de Goicoechea pretende evitar que se repitan los errores de comunicación que hubo durante la pasada legislatura. «Ha habido momentos en los que hemos sacado leyes a toda prisa, se han tapado unas con otras, ha habido poca coordinación», admitía un miembro del PSOE en la pasada campaña electoral, quien tampoco comprendía los mensajes contradictorios que a veces se lanzaban desde diferentes departamentos.
Tensiones
Para evitar situaciones similares, Zapatero también se ha quitado de en medio un foco de tensiones y suprimido la Oficina Económica de Moncloa que en su día ocupó Miguel Sebastián y ahora ostentaba David Taguas. El órgano asesor del presidente provocó en la pasada legislatura más de un quebradero de cabeza al vicepresidente económico, Pedro Solbes. Su condición para seguir en el cargo fue, precisamente, que se le permitiera dirigir su área sin más interferencias.
La incorporación de Sebastián al nuevo Ejecutivo de Zapatero como ministro de Industria había levantado dudas sobre la interpretación que el jefe del Ejecutivo pudiera haber hecho de las palabras de Solbes. Más aún cuando el propio ministro de Economía se vio impelido a remarcar, este domingo desde Washington, que es él quien detenta la vicepresidencia económica, quien firma las leyes y quien preside la comisión delegada del ramo, encargada de coordinar todos los ministerios económicos.
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se esforzó ayer en apaciguar los ánimos. Aseguró que «no hay ningún problema» y que la rivalidad entre Solbes y Sebastián pertenece exclusivamente al terreno de la «especulación», informa Paula de las Heras. Aun así, echó un capote al vicepresidente y subrayó que es él quien dirigirá el equipo creado por Zapatero para «atender» los retos de la economía española. «No hay subordinación; hay cooperación en equipo y, eso sí -insistió-, hay dirección».
Seguirá Pumpido
Además, ayer también se supo que el Gobierno propondrá la renovación de Cándido Conde-Pumpido como fiscal general del Estado, según desveló Fernández de la Vega.
Todo en un día en el que los 17 ministros que componen el nuevo Ejecutivo prometieron ante los Reyes y el nuevo presidente «cumplir fielmente» las obligaciones de sus cargos. Las nueve mujeres y los ocho hombres del Gobierno eligieron, como el sábado hizo el jefe del Ejecutivo en su toma de posesión, la fórmula de la promesa en lugar de la jura. Lo hicieron con la mano derecha sobre un ejemplar de la Constitución abierto por la página correspondiente al Título IV sobre el nombramiento de los ministros y al lado de una Biblia abierta por el libro de los Números, en el capítulo referente al voto y juramentos. El primero en prometer lealtad fue el titular de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, quien pudo así actuar como Notario Mayor del Reino en la promesa de sus compañeros de gabinete.
En la ceremonia, presidida por Don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados por Rodríguez Zapatero, actuaron como testigos los presidentes del Congreso y del Senado, José Bono y Javier Rojo, respectivamente y los máximos representantes del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y del Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando. Tras las promesas, Don Juan Carlos y Doña Sofía felicitaron personalmente a cada uno de los ministros.









