
Su 'vecino', el número 7, ya quedó reducido a escombros a principios de este mes. Ambos responden al modelo del caserío vasco barroco, con una estructura de postes verticales que se cruzan con vigas de roble. El que se mantiene en pie conserva una ventana de arco del siglo XVI. El Gobierno vasco propuso al Ayuntamiento en 1998, con motivo de la aprobación de las normas subsidiarias, que le dotara de «protección local». El Departamento de Cultura considera que tiene «cierto valor», pero no suficiente como para catalogarlo con la categoría de monumento.
La figura de protección local deja en manos del Ayuntamiento la decisión sobre el futuro del inmueble. Entre ambas instituciones, sin embargo, está la Diputación, cuyos expertos en patrimonio se han movilizado a raíz de la denuncia del PP. A falta de concluir su informe, los responsables forales adelantaron ayer que el caserío «no está catalogado», lo que limita sus posibilidades de actuación. El alcalde de Zalla, Leandro Kapetillo, esperará en cualquier caso a conocer su dictamen antes de poner en marcha las excavadoras. «Protegerlo va a ser difícil, pero ya veremos qué sucede», afirma.
Kapetillo asegura que el Consistorio ha comprado «los edificios más importantes que había allí», como la casa del capellán y una antigua capilla, para destinarlos a «uso público». Eso no ha impedido que cunda la preocupación por la suerte de uno de los pocos caseríos de Las Encartaciones con 300 años de historia. En algunos puntos de Zalla se han colocado carteles con el lema 'Salvemos el Longar'. Una afirmación que hace suya el escritor Txomin Etxebarria, autor de 32 libros y publicaciones -algunos junto a su hermano Jesús- sobre la historia y la cultura de la comarca. «Siempre hemos defendido el patrimonio -torres, puentes, palacios, calzadas...- y este edificio es digno de ser conservado», afirma.













