Eric Sardinas (Fort Lauderdale, Florida, 1970) lleva sangre cubana en sus venas. Comenzó a tocar a los seis años. Oía a viejos bluesmen del Delta del Mississippi de los años 20-30, tipo Charlie Patton, Bukka White o Muddy Waters. Dice que aún escucha esa música porque es cruda y excitante, el principio de todo.
Pero no se conformó con reproducir rutinariamente los doce compases blues, sino que ambicionó ser una estrella y ya lo es a escala reducida. Lo ha conseguido gracias a su estética -torso desnudo, melena rizada y mojada, tatuajes, elasticidad felina- y a su agresividad interpretativa, ya que acostumbra a tocar desplegando trucos como frotar las cuerdas con botellas de cerveza o pegar fuego a su guitarra, artimaña con la cual una vez quemó un local donde actuaba.
Sardinas debutó con el purista y efusivo 'Treat Me Right' (99), CD donde colaba versiones vetustas pero vigorizantes y por el que le señalaron como sustituto de Johnny Winter, uno de sus mentores. Más rockista fue su reválida, 'Devil's Train' (01), y alcanzó su pináculo aperturista con 'Black Pearls' (03), un repertorio para todos los públicos, apadrinado por el guitarrista virtuoso metálico Steve Vai. Ahora nos visita con su cuarto trabajo, 'Big Motor', editado en febrero y orientado al mercado rock, con dejes sureños y camineros que remiten a Black Crowes, ZZ Top y Smokin' Joe Kubek.
El peculiar músico ha actuado en no menos de seis ocasiones en el País Vasco, desde que en 2001 protagonizara el Festival Blues de Getxo; en 2003 volvía al club Altxerri, de San Sebastián, y de nuevo en 2004 al Getxoblues, con un concierto memorable; luego ha estado en Santana 27 (2005), el Antzokia de Bilbao (2006) y en 2007 fue la estrella en la animación del Fantasy Show Bike de Sestao.






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