
A lo largo de la hora y tres cuartos que dura la obra, que estará en el escenario bilbaíno hasta el sábado (20.00 horas), Plaza se acerca al espíritu del genial director y guionista sueco. En un austero montaje, el elenco que completan Chema Muñoz y Pilar Gil se enfrenta a lo más crudo de sus sentimientos. «Es como estar desnudos bajo un juego de luces con más de cien efectos diferentes», explicó la actriz de 'Tacones lejanos' y ex directora de la Academia de Cine.
Charlotte es una afamada pianista que después de siete años sin ver a sus hijas decide visitar a la mayor de ellas, Eva, que vive junto a su marido, un pastor protestante al que da vida Muñoz.
Para sorpresa de la artista la pequeña Helena, atada a una silla de ruedas por su enfermedad degenerativa, vive con su hermana. El rencor por el abandono de la madre acabará por hacer surgir el conflicto.
«Paradójicamente la única capaz de expresar sus sentimientos a pesar de que la discapacidad la impide hablar es Helena, porque es la única que no está enferma emocionalmente», comenta Gil. Por su parte, Muñoz representa la impotencia de quien no puede aportar nada a la solución del conflicto y queda al margen. «Hablo poco porque así lo quiso Bergman», bromeó. «Es una historia de mujeres que pensé poco atractiva desde el punto de vista masculino, pero me equivoqué. Lo que también observo en las butacas es que es una obra dura pero la gente se queda clavada hasta el fin, estupefacta con lo que pasa encima del escenario».
Identificada
Marisa Paredes regresa a Bilbao, dos años después de su intervención en 'Hamlet', para interpretar un personaje con el que dijo sentirse identificada. «Conozco lo que son las largas ausencias, incluso saliendo del país por trabajo mientras dejas a una hija en casa. Hay que saber encontrar la manera de hacer tu vida sin dejar de ser una artista», sentenció.









