Las tensiones que ya para entonces arrastraba el Ejecutivo estallaron en diez frenéticos días de septiembre de 1991. La crisis se desató cuando los concejales de EA y de HB presentaron en Oiartzun y Bermeo sendas mociones a favor de la independencia de Euskadi, un incumplimiento «flagrante» del compromiso de defender el marco estatutario incluido en el pacto de Gobierno, según señalaría Ardanza el día 16, al consumarse la ruptura.
Entre las primeras mociones y el colapso final, el lehendakari y EA intercambiaron ultimátums y otras mociones secesionistas. Tras expulsar a EA de su Gabinete, Ardanza volvió a pactar con el PSE.








