
La mujer, Teresa Macanás, la estanquera del pueblo «querida y conocida por todos», lo había anunciado en televisión con un testimonio sobrecogedor: «No es malo, pero lo que toma (al parecer consumía drogas) le hace malo y a nosotros nos está destrozando la vida. Sé que va a pasar una desgracia, hasta que nos dé un golpe y nos mate», aventuró ante las cámaras de uno de los espacios vespertinos de crónica negra, en los que ayer volvió a ser tristemente la protagonista.
Los años siguientes a su advertencia pública confirmaron punto por punto su profecía. Ángel, al que todos conocían por Ángelo, por su ascendente paterno de origen italiano del que su madre estaba ya divorciada, fue detenido y condenado de forma reiterada por agresiones y amenazas contra su madre, quien pese a todo seguía protegiéndole hasta el punto de comprarle hace menos de un año el bar 'Mar de Galilea' para intentar encauzar su futuro. El local estaba exactamente junto al estanco que ella regentaba en Santomera y en el que vendía los periódicos a los habitantes que ayer lloraban su muerte.
El parricida había sido arrestado con anterioridad en al menos cuatro ocasiones, confirmó ayer el delegado del Gobierno en Murcia, Ángel González. Fuentes judiciales precisaron que incluso cumplió sendas condenas de internamiento en centros psiquiátricos por este motivo.
La primera se dictó en noviembre de 2003 por maltrato y amenaza en el ámbito familiar y condenó a Coratenuto a un año de reclusión psiquiátrica en una prisión valenciana, que cumplió entre el 20 de febrero de 2004 y el 18 del mismo mes de 2005. Un año después, en enero de 2006, fue sentenciado por hechos similares a siete meses de internamiento, que quedaron cumplidos el 27 de julio de ese mismo año. En esta ocasión, la medida judicial se acompañó de un año adicional de alejamiento de su madre, que incluía la prohibición de comunicarse con ella por cualquier medio y otra de tenencia y porte de armas. Ambas expiraron el pasado 27 de agosto.
«Se hace el loco»
El juez que tomó declaración ayer a Coratenuto en la sede judicial de Murcia comprobó, según fuentes del tribunal, el extraño comportamiento del parricida, a quien se atribuye un cuadro de esquizofrenia que, sin embargo, no explica para los expertos su comportamiento altamente violento.
Ángel, también divorciado y padre de un hijo de diez años, se negó a declarar y a ser reconocido por la médico forense, y dirigió a ambos profesionales «frases y gestos despectivos». Se mofó del tribunal y de los agentes de la Guardia Civil, así como de la abogada de oficio a la que correspondió asistirle. Según estas fuentes, Coratenuto se mostró consciente de sus actos y no evidenció ningún signo de arrepentimiento durante la vista. «No ha llorado ni se ha desplomado en ningún momento», indicaron. Ello les hizo formarse una imagen en la cabeza: «Se hace el loco, pero no es tonto», valoraron.
Santomera decretó ayer dos días de luto por la muerte de la estanquera, una mujer que regresó al pueblo tras emigrar a Alemania, donde conoció al italiano que sería su marido y con quien tuvo dos hijos. La hermana de Ángel, a quien correspondió el durísimo trance de reconocer el cadáver decapitado de su madre, ha sido asistida en todo momento por un equipo de psicólogos. El Ayuntamiento, aseguró el alcalde Víctor Manuel Martínez, prestará «todo su apoyo» a la hermana y al nieto de Teresa, mientras trata de superar el dolor.









