
El estudio, que ha contado con el patrocinio del Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, se ha basado en una encuesta realizada a cerca de 900 estudiantes de entre los 14 y los 25 años con el objetivo de diseñar, elaborar y evaluar un programa de intervención educativa de formación de adolescentes y jóvenes de cara a fomentar la corresponsabilidad y la conciliación laboral y familiar.
En términos generales, los jóvenes vascos denostan la utilización de la violencia en las relaciones interpersonales. Es, a la hora de matizar la frecuencia de esos comportamientos, cuando aparece una mayor tolerancia a la agresión. «Nos ha sorprendido esta actitud porque, de entrada, debería haber generado una reacción de rechazo, incluso en la relación entre padres e hijos. Los jóvenes consideran que una torta o un empujón de vez en cuando no tiene trascendencia cuando, en realidad, sí la tiene», considera Maganto, docente de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. En cualquier caso, los encuestados se muestran menos permisivos con las agresiones a la pareja o los amigos (entre 2 y 3 puntos sobre 5) que a los hijos (entre 3 y 4).
Los adolescentes y jóvenes «aprueban la teoría» pero «suspenden» a la hora de interiorizar la conciliación laboral y familiar. Aunque muestran «cierta adhesión formal a lo 'políticamente correcto'», siguen perpetuando los roles femeninos y masculinos más tradicionales. Por ejemplo, los jóvenes consideran que los hombres y las mujeres deben trabajar y repartir por igual las responsabilidades del trabajo y la vida familiar. Sin embargo, a la hora de elegir un puesto de trabajo, el factor que más peso tiene para las mujeres -después de las condiciones laborales- es «que sea compatible con las responsabilidades familiares, cuando los hombres valoran otras cuestiones, como que sea interesante».
Los jóvenes también siguen creyendo de forma mayoritaria que los niños o los ancianos son 'cosas de mujeres'. Para los universitarios encuestados, son ellas quienes deben abandonar su trabajo para atender a los hijos cuando son pequeños mientras que cuidar a los mayores o familiares enfermos también es una «exclusiva atribución» del sexo femenino. «La importancia de las cargas familiares se muestra determinante para las mujeres, nunca para los hombres, en la toma de decisiones relativas al trabajo».
Poca seguridad
El estudio, que constituye la primera parte de un trabajo más amplio que se desarrollará en tres fases, subraya que los adolescentes y jóvenes no cuentan con una buena valoración de su persona ni tienen seguridad en sí mismos. Maganto explica que «a medida que aumenta el nivel escolar decrece el saber con claridad qué quieren en la vida y cómo lo quieren. Su aspecto físico es lo que menos les satisface de su identidad, y ello más en las mujeres que en los hombres».
Maganto y Etxebarria también han constatado un diferente desarrollo de las fortalezas emocionales entre ambos sexos. Así, las mujeres «tiene más desarrollada que los hombres» la capacidad de dar cariño, la generosidad y la inteligencia social, así como la vitalidad y el entusiasmo al afrontar la vida.







