En principio, las cosas pintaban mal para la cría, pero ayer un tribunal hizo 'justicia' y deshizo esta incalificable unión. Eso sí, obligó a la familia de la pequeña a pagar al ex marido 158 euros en una especie de extraño concepto de daños y perjuicios por no poder seguir abusando y maltratando a un ser humano que ni siquiera sabe lo que todo esto significa. Así lo relató al juez la pequeña en un testimonio que asusta: «Intentaba huir de una habitación a otra, pero me perseguía, me pegaba y hacía conmigo lo que quería sin que yo entendiera nada de lo que ocurría (...). Cuando me veía jugando también me golpeaba y me pedía ir al dormitorio».
Pero este final no hubiera sido posible sin la valentía de la que hizo gala la pequeña al sobreponerse al terror y emprender una huida que podía haberle costado cara. Nayud escapó la semana pasada del hogar 'conyugal' y consiguió llegar a un tribunal de primera instancia de la capital yemení, donde pidió al juez que le ayudara a conseguir el divorcio del hombre con el que su propio padre la había casado.
«Lloraba mucho, pero nadie me ayudaba hasta que conseguí huir y llegar al tribunal», explicó en la vista. Todos estos detalles convencieron al juez, que ordenó la detención del marido y del progenitor, aunque posteriormente puso en libertad a este último, «debido a sus problemas de salud».
El abogado de la niña y activista defensor de los Derechos Humanos, Shatha Nasser, dijo que la menor había presentado una demanda pidiendo el divorcio en la que exponía que su marido había abusado de ella físicamente y la había forzado a mantener «relaciones sexuales con él después de pegarla». La sentencia pone fin a la unión en lugar de conceder el divorcio para evitar que el marido pueda restablecer el matrimonio, explicó Nasser. En cuanto a la curiosa 'indemnización' al maltratador, una de las personas que asistió al juicio se ofreció de forma voluntaria a pagarle los 158 euros.
Una infamia habitual
Los matrimonios de menores son frecuentes en Yemen y en algunas áreas beduinas de Arabia Saudí, donde no hay legislación que prohíba el casamiento de estos adolescentes. Se producen mayoritariamente para paliar situaciones de pobreza, que afecta en ese país al 40% de sus 22 millones de habitantes. La historia de Nayud, de todos modos, no es especial en este sentido: el 52% de las yemeníes se casan menores de edad, en muchos casos entre los 7 y los 10 años.







