Nadie se percató de la defunción de R.C.M. hasta las 8.15 horas. La voz de alarma la dio la propia caldera del hospital baracaldés al dejar de funcionar. Personal del recinto acudió a la sala de máquinas para ver lo que ocurría y se topó con el cuerpo del operario. Un equipo de sanitarios le atendió de inmediato, pero «sólo pudo certificar su muerte», según informaron fuentes policiales.
El hecho de que el hombre se encontrara sin vida cuando llegaron a auxiliarle hace pensar a los técnicos de Osalan que pereció de madrugada. Fuentes de las instalaciones sanitarias, en cambio, precisaron que la víctima había empezado su turno a las siete de la mañana. La víctima pertenecía a la empresa Elyo Ibérica Servicios Enérgeticos, que se encuentra subcontratada por el hospital de Cruces.









