Pese a situarse por debajo de la media nacional, que ronda el 10%, Vitoria es la capital vasca con mayor proporción de inmigrantes en relación a su población. Supera en dos puntos y medio a Bilbao -donde la comunidad extranjera no excede del 6%- y en casi tres a Donostia, la que tiene menor presencia. Y eso, teniendo en cuenta que al igual que todo el territorio vasco la capital alavesa se encuentra también alejada de los ejes o centros de principales de recepción, como pueden ser Madrid, Barcelona, Andalucía o la comunidad valenciana.
¿Qué razones explican, por tanto, el crecimiento migratorio de Vitoria a lo largo de la última década? «La estructura de oportunidades y el efecto llamada», responde Luis Mendizábal, sociólogo del Ayuntamiento. «La inmigración va en busca de oportunidades, y aquí, éstas han venido dadas de la mano de la construcción. Por otro lado, una vez que los inmigrantes se asientan en un determinado lugar, el 'efecto llamada' es inevitable porque el que viene de fuera ya sabe que al llegar tendrá al menos dónde caerse», reflexiona el experto.
La llegada de estos nuevos flujos migratorios viene impulsada también por esas «redes sociales» que los colectivos de extranjeros han ido tejiendo a lo largo de los años. «El hecho de que existan asociaciones y organismos creados por y para ellos es una garantía de seguridad. Como también lo es -subraya Mendizábal- el contar con un estado de bienestar y unos servicios sociales de calidad como los que tenemos».
Con todo, y pese a que Vitoria recibe hoy el triple de inmigrantes que hace una década, el sociólogo recuerda que los flujos migratorios han existido «siempre». «Hace no muchos años, uno de cada dos ciudadanos no había nacido aquí». Entonces, llegaban de Galicia, de Andalucía o de Extremadura. Ahora, en cambio, lo hacen de Colombia, de Marruecos o de Sri Lanka.
114 nacionalidades
De hecho, en la capital alavesa conviven a día de hoy 114 nacionalidades distintas. La porción mayor de este pastel intercultural -el 41%- está cubierta por ciudadanos de procedencia latinoamericana. De ellos, el grupo mayoritario está conformado por colombianos, que ya son más de 2.700. Le siguen los marroquíes (2.562), los portugueses (1.457), los argelinos (1.345), los rumanos (1.151) y los ecuatorianos (1.131).
Gracias en buena parte a este fenómeno, la capital vasca ha ganado en tan sólo medio año 1.534 residentes. Y todo apunta a que esta tendencia, que se mantendrá en los próximos años, le permitirá consolidar su crecimiento en la línea que emprendió en 2002. Desde entonces, el aumento de inmigrantes se ha estabilizado en torno a 1% anual, justo el ritmo al que crece la ciudad.
Y es que es este colectivo el que contribuye en mayor medida a engrosar el censo local y, en consecuencia, el que permite que la ciudad no mengüe en número de habitantes. También a rejuvenecer a la población. No en vano, la mitad de los extranjeros censados en la capital alavesa tiene entre 16 y 34 años. Y otro dato más. El Casco Viejo, el barrio donde se concentra el mayor número de inmigrantes, ha pasado de contar con un índice de vejez del 23% en 1998, a estancarse este año en un 18%.





