
Filomena llegó a la capital alavesa hace 27 años. Lo hizo casada con un vitoriano, pero aun así le costó una década regularizar su situación. En aquellos años -los primeros ochenta- la presencia de extranjeros en la ciudad era poco menos que testimonial. No existían asociaciones de apoyo y ayuda a inmigrantes y su integración en el tejido social de la ciudad resultaba «francamente complicada». Hoy, en cambio, la capital alavesa cuenta con al menos una veintena de agrupaciones dedicadas a trabajar por estos colectivos.
La asociación afroamericana es sólo una de ellas. Nació en el año 1994 con el objetivo de «facilitar la integración de las personas extranjeras de origen negro» aunque, según destaca Filomena Abrantes, su presidenta, el grupo se ha convertido a día de hoy en un «referente» para inmigrantes de todas las nacionalidades. «Lo que nos diferencia ante la ley no es el color de la piel, sino la condición de ser extranjeros. Todos tenemos los mismos problemas: jurídicos, sociales, laborales... Y, unidos, resulta más fácil superar las dificultades».
Asumir la nueva realidad
Escuchar es su primer cometido. Después entra en juego su capacidad para guiar a los recién llegados en la búsqueda de una vivienda o de un empleo o para informarles sobre los servicios sociales o sanitarios disponibles en la ciudad. «Procuramos una especie de adiestramiento para que el inmigrante asuma y conozca su nueva realidad», coincide el colombiano José Lizardo Rueda.
Miembro de la asociación Colombia-Euskadi y portavoz de la recién creada Casa de las Américas, el líder colombiano hace suya la máxima de que 'la unión hace la fuerza'. Y no sólo de puertas para adentro. En apenas cuatro años, el colectivo no sólo ha conseguido aglutinar a los latinoamericanos -mayoritarios en Vitoria- sino que ha logrado algo más complicado todavía: ganar peso y fuerza específicos en el tejido social de la ciudad. «Hemos recibido una gran aceptación por parte de las instituciones y de los medios de comunicación. Y esto es importante porque no trabajamos por nuestro bien, pero también por el bien de la sociedad que nos acoge».





