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Cultura

A PROPÓSITO
Por la boca
19.04.08 -

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Por la boca muere el pez y por la boca entran y se papan moscas. Por la boca nos perdemos y nos encontramos. Con la boca cometemos más pecados que con ningún otro miembro: se peca tanto o más con la boca que con el órgano sexual al que se echan las culpas de los más horrendos pecados. Por la boca pecamos pues la boca es un pozo de tentaciones. La boca resulta una campeona pecadora entre todos los demás sentidos y en todos los sentidos: en el personal, en lo social y en lo político. Porque es un hecho globalmente condenable el que las boquitas de los mandamases del mundo no se pronuncien de manera clara y contundente contra la represión en China a raíz sobre todo de los acontecimientos de Nepal y de los soplos de protestas internacionales en el mundial recorrido de la llama olímpica. Están en boca de todos las cercanas Olimpiadas, un acontecimiento que viene a pedir de boca para que una vez más se llenen las bocas de los líderes del mundo de buenas palabras, vacías, buñuelos de viento. Muchos no dicen ni esta boca es mía. Algún gobernante tiene que cerrar el pico por haber sido un bocazas provocando a Pekín. Mucho cuento chino sobre las libertades y todo así.

Mientras millonadas de chinos no pueden abrir la boca para expresar según que cosas, en ese inmenso país siguen trabajando como chinos esperando al visitante para ganarle gustosamente por la boca, ponerle los dientes largos y de alguna manera convencerles por el menú de que el antiguo e inmenso solar de los mandarines se está abriendo, se va mostrando la apertura en la mesa y los manjares en armónica compañía de la reconocida y universal cocina tradicional. «La pizza es ahora como el espejo de China», declara un excelso cocinero pekinés, «a los orientales nos gustan las cosas envueltas, enrolladas, disimuladas, a las que es preciso abrir para descubrir lo que contienen. La pizza es un manjar abierto, lo que quiere decir que China se abre también». La pizza está allí a pedir de boca. Aunque no para todas las bocas son las recetas secretas del emperador en la Ciudad Prohibida. Las suculencias imperiales ocultas son ahora exhumadas y rehabilitadas para ser servidas a los altos dignatarios del Partido. Menudos bocas finas.
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