Mientras millonadas de chinos no pueden abrir la boca para expresar según que cosas, en ese inmenso país siguen trabajando como chinos esperando al visitante para ganarle gustosamente por la boca, ponerle los dientes largos y de alguna manera convencerles por el menú de que el antiguo e inmenso solar de los mandarines se está abriendo, se va mostrando la apertura en la mesa y los manjares en armónica compañía de la reconocida y universal cocina tradicional. «La pizza es ahora como el espejo de China», declara un excelso cocinero pekinés, «a los orientales nos gustan las cosas envueltas, enrolladas, disimuladas, a las que es preciso abrir para descubrir lo que contienen. La pizza es un manjar abierto, lo que quiere decir que China se abre también». La pizza está allí a pedir de boca. Aunque no para todas las bocas son las recetas secretas del emperador en la Ciudad Prohibida. Las suculencias imperiales ocultas son ahora exhumadas y rehabilitadas para ser servidas a los altos dignatarios del Partido. Menudos bocas finas.






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