
El conjunto escultórico está colocado sobre una peana de un metro con asiento para que niños y mayores puedan fotografiarse y abrazar al héroe de cartón piedra. Junto a él, ayer, también llegaron la malísima y verrugosa bruja Ciriaca, que observa atentamente a Gorgorito desde una columna de los portales, y una niña que mira embelesada al ídolo de masas indiscutible.
Por todo lo alto
Y como no podía ser de otra manera, los logroñeses recibieron a Gorgorito y su estaca por todo lo alto. Por la mañana, las autoridades inauguraron la escultura, impulsada por la Fundación Caja Rioja y el Ayuntamiento de Logroño, del artista riojano Ricardo González en un acto en el que estuvo presente la viuda del titiritero Maese Villarejo, Pepita Quintero, y sus hijos Juan y Mónica Díaz. Tras descubrir el conjunto, Quintero destacó que la pieza «es un broche a nuestra carrera artística». Después, un grupo de niños participó en una breve representación de Gorgorito. Sólo sería un aperitivo de lo que llegaría horas más tarde.
Y ya por la tarde, el nuevo inquilino de Gran Vía dos fue partícipe, desde su peana, de una gran representación que colapsó la calle de carricoches, niños, medianos y mayores. Y es que después de más de 50 años, Gorgorito a visto crecer a muchos logroñeses que ya peinan canas, a sus hijos y en algunos casos a sus nietos. Y aunque algunas cosas han cambiado, como las pesetas de la hucha de Rosalinda, que ahora son euros, las historias son las mismas.
Y así, desde el principio de la representación hasta el final, los niños no dejaron de gritar «¿Gorgoritoooo!, ¿Gorgoritoooo!» o de atizar al aire con sus manos simulando que la estaca de su héroe le propinaba un porrazo a Ciriaca.
Después de una hora, y como en todas las representaciones, algunas voces graves se colaron en el coro infantil que entonó la canción 'Té, chocolate y café'. En ese momento, todos sabían que terminaba la función. Aunque Gorgorito este año veranea en Logroño, habrá que esperar a San Mateo para verlo en acción.





