Como causa más común, se apunta la enfermedad igualmente común, y comúnmente conocida, por resumir, como catarro o trancazo.
Para alegría y excusa del haragán, se nos ha informado esta semana de que en quince años las alergias afectarán a la mitad de los españoles, y quienes se libren de éstas siempre podrán aferrarse a las nefastas consecuencias que, también nos cuentan, tiene la voz de la urbe.
Y es que el ruido generado por el tráfico y los propios vecinos invita a uno de cada cinco españoles a un cóctel de insomnio, ansiedad, jaqueca o agresividad.
A otros lo que les quita estos días el sueño son las fisuras de la balsa, originalmente de regadío, de Noryeste, que mala elección de terreno y/o mala ejecución de la obra mediante, ha cavado un agujero de 30 millones de euros en las arcas municipales.
No ha sido, con todo, la única fuga; en el Guggenheim, a pesar del perro que vigila entradas y salidas, ha habido quien ha intentado, sin éxito, hacer del desfalco un arte.
El tongo final corre a cargo de la Policía Nacional, que ha tenido que devolver 10.000 camisas y gorras nuevas porque destiñen.





