
-¿De dónde se considera?
-Nací en un caserío de Elgeta, de donde era mi ama, pero mi padre es de Arrasate y allí me crié, así que me siento de los dos sitios.
-¿Por qué un vasco escogió ser astrónomo, aunque aquí no existe una tradición al respecto?
-Cuando llegué a Estados Unidos en 1977 no tenía intención de ser astrónomo, pero fui con una beca que me cubría todos los estudios que quisiera y casualmente me encontré con Irwin Shapiro, un científico de primerísima línea, una estrella mundial que tiene todos los premios posibles menos el Nobel, al que ha estado propuesto varias veces. Me puse a trabajar con él y eso me dirigió hacia la astronomía. Sé que de igual manera hubiera podido hacer cosas buenas en otras partes de la física, y a veces pienso que soy astrónomo un poco por accidente, pues no sabía ni dónde estaba la estrella polar cuando empecé, la carrera y el azar me llevó a ello. Lo que sí tuve claro siempre es que quería ser físico.
-¿Qué hubo antes y después de la experiencia americana?
-Comencé y terminé la carrera de Ciencias Físicas en Zaragoza, pero también estudié en Madrid, en Edimburgo y en Saint Andrews, ambas en Escocia, Después hice la 'mili' en el Ejército del Aire y estuve un año de profesor ayudante en la Universidad, y en 1977 me fui a hacer el doctorado en Massachusetts. Para entonces ya me había casado y allí nacieron mis dos hijos. Casualmente ahora a uno de ellos, 25 años después de haber estado yo allí, le han admitido en aquella misma institución tan especial como es el Instituto Tecnológico, aunque él es ingeniero. Me doctoré en 1982 y me fui a Bonn, Alemania, al Instituto Max Planck de radioastronomía. Allí estuve dos años y luego tuve que optar entre regresar a Estados Unidos, asumir la dirección de un telescopio o irme a la industria, y estuve un año en Siemens, en Munich, antes de volver.
-¿Por qué regresó?
-Cuando estaba allí me pidieron el currículum desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y me dieron una plaza de investigador científico. Me vine en 1986 a Granada, donde me hice cargo de un grupo de investigación y saqué seis doctorandos en cinco años. En 1991 salió la primera cátedra española en astronomía y astrofísica, me presenté, la saqué y me vine a la Universidad de Valencia, donde soy catedrático desde entonces. Quedé en excedencia en el Consejo Superior, aunque soy profesor de investigación.
-¿Docencia o investigación?
-La mejor investigación va de la mano de la mejor docencia, pero ésta no puede ser en una proporción tal que anule o afecte seriamente a la otra. Creo que soy mejor investigador que docente, pero también he hecho mella en muchos alumnos y pienso que lo mejor es compatibilizar ambas posibilidades.
Cuásares y supernovas
-Se ha significado por el estudio de las supernovas.
-Lo mío ha sido medir con precisión los movimientos que tienen los astros en el cielo, aunque en los últimos 15 años he hecho más aportaciones en el asunto de las supernovas, estrellas masivas que evolucionan muy rápidamente y que cuando estallan sus restos se expanden a velocidades de 20.000 kilómetros por segundo. La reputación en mi campo la establecí antes de hacer nada sobre ello, con mediciones de altísima precisión de las posiciones y los movimientos internos de los cuásares.
-¿A los ojos de un astrónomo el firmamento cede su halo romántico?
-Cada cosa a su tiempo. El Universo tiene un gran atractivo para la gente, porque se mire como se mire es bello y a la vez tranquilo. No se ve que cambie nada, pero tú sabes que está cambiando todo, en algunos sitios de manera pausada y en otros de forma violenta. Una de las mejores cosas de ser astrónomo es que uno se gana la vida tratando cosas muy bonitas, y además nos está tocando vivir la edad de oro de la astronomía, pues casi no damos abasto.
-¿Su estrella preferida?
-Me quedo con las supernovas, y sobre todo aquella en la que más he trabajado, la 1993J. Es especial, emite mucho en radio, está a sólo diez millones de años luz y la hemos podido estudiar con detalle. Hay estrellas que tienen unas formas fascinantes, como Eta Carinae, que puede ser la próxima en convertirse en supernova y está en nuestra galaxia.
-¿Existirá vida extraterrestre?
-No tenemos evidencia, pero la naturaleza toma muchas formas, así que puede que exista en algún otro sitio y puede que sea completamente distinta de la nuestra. No podemos decir que sea imposible, pero lo de que tengan formas humanoides sí que es absurdo, de eso no hay nada.
-¿Sirve de mucho o de poco la carrera espacial de la NASA?.
-Nunca hay nada que no merezca la pena si se trata de alcanzar logros para el conocimiento humano. Derrochamos el dinero de muchas maneras al margen de la ciencia y los dividendos que ha dado ésta son tremendos, tanto a nivel de laboratorios como en el espacio. ¿Que se puede gestionar mejor la NASA?. No lo sé. ¿Qué se puede gestionar mejor la Agencia Espacial Europea?. Es posible, pero es bastante asombroso la cantidad de conocimiento aportado en muy pocos años.
Serenidad para Euskadi
-Forma parte de Jakiunde, el foro de debate surgido a través de Eusko Ikaskuntza para aunar a la sociedad vasca a través de personalidades de las artes, las letras y también de las ciencias.
-Cuando me dieron el premio Euskadi en 2004 me invitaron como fundador. En estos momentos estamos redactando los estatutos definitivos y se están estudiando los objetivos, aunque evidentemente se trata de traer un poco de serenidad intelectual a Euskadi, ayudar a que vaya todavía mejor. No digo que no vaya bien, pues la sociedad vasca, según cómo se mire, es un pequeño milagro. Hay centros de investigación buenos, la Universidad tiene ya nivel, y no diré que hay una armonía social, pero sí un nivel social de vida espectacular, y que se consiga todo eso en una pequeña comunidad me parece notable.
-¿Falta algo de diálogo?
-Es que en Euskadi esa palabra se interpreta de diferentes maneras. Están muy enconadas las posturas desde hace tiempo y luego está el elemento perturbador de las pistolas, y ésa no es manera de zanjar los temas. Pienso que en Euskadi las cosas podían ser un poquito más civilizadas. Pero es curioso, porque hace poco leí un artículo de Vargas Llosa diciendo cómo las cosas más negativas de nuestra tierra sucedían a la vez que ocurrían las cosas más excelsas, con avances en la música y en la ciencia. Y es que Euskadi vive en los extremos y está claro que tiene mucho más potencial del que ha desarrollado, pero espero que algún día lo desarrollará.






