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El colegio San Pelayo de Ermua ha desarrollado un curso de resolución de conflictos con familias, alumnado y profesorado
20.04.08 -

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PARTICIPACIÓN. Asistentes al curso en una de sus sesions. /JULIO CALLEJA
El respeto a la dignidad humana, aprender que el conflicto es potencialmente positivo y puede ser constructivo, volcarnos hacia adentro para escuchar a nuestra propia conciencia y hacia fuera para escuchar a los otros, son algunas de las herramientas que aportaba la componente del Centro por la Paz de Arantzazu, Baketik, Mireia Uranga, en el colegio San Pelayo de Ermua, dentro de sus jornadas de resolución de conflictos.

El interés del centro educativo era poder abordar la conflictividad que pudiera surgir en el colego y Baketik les ofrecía la posibilidad de abordar situaciones de conflictividad de forma constructiva y ética.

«La reconciliación no significa volver a ser amigos, sino volver a respetarse», explicaba Mireia en una de sus reuniones con los participantes en las sesiones.

Desde Baketik se han organizado tres reuniones, en las que se ha estudiado qué es conflicto, la mediación como herramienta de resolución y las víctimas y la reconciliación. Lo más novedoso es que en estos encuentros se ha trabajado con los tres pilares de la comunidad escolar: familias, alumnado y profesorado.

Y desde luego ha dado buen resultado, ya que los 12 participantes más jóvenes «están deseando crear la comisión de resolución de conflictos para ayudarse entre compañeros», aclara una de las cinco profesoras participantes.

De hecho, Irene Dominguez, Leire Ortega y Edu Echeverria, entienden que «ahora reflexionan más que antes, a la hora de decir las cosas, porque tendemos a contestar según lo pensamos y ahora, en general, respetamos más a lo demás». La lección más importante que han aprendido es la de «tratar de decirle las cosas a los compañeros sin ofender» afirman en 'petit comité' después de la última sesión.

Familias

Pese a que el curso ha sido menos práctico de lo que alguna de las madres esperaba, la familia también ha tenido un papel importante en estos encuentros. Esther Berzosa, una de las 9 madres participantes, afirmaba haberse llevado muchos conocimientos «que se pueden aplicar en la vida diaria». Ella destacaba que «entre otras cosas he aprendido a separar el hecho de la persona. Aprender que lo que ocurre no es un drama y que tenemos que intentar arreglarlo».

No obstante, las 3 sesiones de 3 horas que se han desarrollado en el colegio San Pelayo, han provocado, principalmente reflexión. «Porque la escuela tiene un papel importante, ya que a nuestra generación nos cuesta cambiar pero si supiéramos hacer algo con estos jóvenes estaríamos dando en la clave», se animaba una profesora.

Sin duda una de los pensamientos que más ha calado y que se ha interiorizado especialmente en el profesorado del centro es que «somos inconscientemente no hábiles y tenemos que llegar a ser conscientemente hábiles en la resolución de conflictos».

En estas sesiones también se han dado numerosos consejos y se han establecido pautas para mejorar la convivencia en el centro. Entre las recomendaciones se encontraba la de realizar en el colegio un sociograma o diagnóstico, de porqué razones surgen los conflictos y en qué momentos son más numerosos para saber así cómo abordarlos.

También se aconsejó a los presentes que fomentaran el pensamiento crítico y que siempre buscaran el lado positivo o en el que se puede coincidir, en los aspectos negativos, para ayudar a su resolución. Eso sí, nunca se debe olvidar, pero sí perdonar o, en todo caso, respetar.
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