
Pero los nuevos hábitos destrozan viejas costumbres y vacían los comercios que uno se ha acostumbrado a ver toda la vida desde niño y que nunca llegó a pensar que un día desaparecerían. Pero sí. Cierran, y además en una especie de goteo inagotable. Cada vez abundan más los letreros de 'se alquila' o 'se vende'. «En barrios como Uribarri y Rekalde la historia, por desgracia, suele acabar de un modo peor. Lonja que cierra ya no vuelve a abrir. En el centro de la ciudad los negocios se renuevan, pero aquí ya no se han vuelto a ver las lencerías y mercerías de toda la vida», denuncian Txema Oleaga y Antonio Basagoiti, portavoces de la oposición en el Ayuntamiento bilbaíno.
Y aunque las cifras difieren notablemente según la fuente -el anuario económico de La Caixa sitúa a Bilbao como la ciudad española que más pequeños comercios ha perdido (641) desde la entrada del nuevo siglo, con un descenso del 8,5%, frente al espectacular avance de Barcelona (un 9,1%) o el algo más modesto de Madrid (3%)- el perfil de las 'víctimas' está perfectamente definido. Entre 2000 y 2006 el saldo neto, entre aperturas y cierres, se cerró, según el Instituto Vasco de Estadística (Eustat), con 222 centros minoristas menos, lo que supone un retroceso del 3,4%, pese a generar en ese mismo periodo 2.261 empleos más -con un aumento del 16%- y crecer un 10% la superficie de venta.
Pero 2007 fue aún peor. 113 pequeños establecimientos del ramo textil, del calzado y la confección de piel cerraron sus puertas en la villa. La mayoría funcionaban en Uribarri, el Casco Viejo, Zorroza y Rekalde. Son los grandes damnificados «porque también son los que más abundan», aclara Mari Paz Irastorza, responsable del departamento de Comercio Interior de la Cámara de Bilbao. Los profesionales agrupados en el segmento 'mix', que aglutina a librerías, papelerías, joyerías, tiendas de deporte y floristerías, también se desmoronan. A lo largo del pasado ejercicio vieron caer 102 establecimientos, la mayoría con una plantilla inferior a los cuatro empleados. En muchos casos, es verdad, porque sus dueños se jubilaron y sus hijos desistieron de proseguir con unos negocios a los que ya en su recta final les resultó muy difícil cuadrar los balances económicos.
Equipamiento del hogar
Los datos del lmpuestos de Actividades Económicas sitúan como tercer bloque más afectado por los cierres los locales dedicados a la venta de equipamientos para el hogar y tiendas de electricidad. ¿Resultado? 60 de estos comercios suspendieron su actividad. Tampoco fue un buen año para los despachos de pan y productos lácteos, además de pastelerías. 154 negocios de este tipo echaron el candado en Vizcaya, la mayoría radicados en Bilbao.
Sin embargo, para Mari Paz Irastorza, el balance en el quinquenio comprendido entre 2001 y 2006 es «positivo». Asegura que el comercio minorista experimentó en este periodo un avance del 2,6%, mientras que el empleo generado creció un 17%. Admite, no obstante, que los centros de alimentación han experimentado un «pequeño descenso», pero que el porcentaje puede situarse en torno a un 2,5%, paralelo al registrado en el resto del conjunto de la comunidad autónoma. Irastorza sustenta su optimismo en que «no todos los locales» que cerraron han desaparecido «definitivamente», ya que han funcionado con otras actividades. Cree que el futuro no tiene por qué verse de color negro. «Hay muchísima gente que vive en esos barrios».
Pero de bien pocos apuros pueden sacar a sus comerciantes si el Ayuntamiento «mantiene su actual política», advierte el socialista Txema Oleaga, que recuerda que el único distrito con un saldo positivo es el de Abando e Indautxu. Oleaga admite que los hábitos comerciales han cambiado, pero incide en los «factores propios negativos» que están hundiendo «a los pequeños locales» de la villa. Los barrios tienen «poca seguridad, iluminación y limpieza. Muchos lugares quedan encajonados durante meses por obras. Hace falta de forma urgente un plan de choque», reclama.
Basagoiti, del PP, se agarra a las cifras de Eustat para revelar la imparable pérdida de poder específico del comercio minorista. Insiste en que es el municipio español que «más actividad destruye» y que los cierres afectan en su mayoría a establecimientos con menos de seis empleados.











