Pablo González, que dirigió el concierto a la Sinfónica de Euskadi, es maestro de gesto expresivo, suficientemente expuesto tanto en las secuencias propicias a la exteriorización como a la comunidad de la intensidad del interiorismo mahleriano. Los dos primeros movimientos de la 'Quinta' de Mahler sonaron bien dando a esperar una interpretación cabalmente fundamentada en la fuerza y grandiosidad de una de las monumentales sinfonías de inicios del siglo XX.






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