
Un hombre ya anciano, que confía en permenecer junto a ella, al menos hasta que se recupere del trauma. Lo cual da pie a una agridulce reflexión sobre las relaciones humanas, sobre la soledad y el inclemente paso del tiempo, narrada con serena templanza por un inspirado realizador, donde la libertad también ocupa un lugar prominente en el desarrollo de la historia. En ese sentido, Wang vierte reveladores vituperios contra la revolución cultural promulgada en su día por el régimen dictatorial de Mao Zedong.
Merece verse un título tan civilizado, encantador y relajante como 'Mil años de oración', que sirve de revelación de los conflictos de la condición humana. Su valía no se puede resolver de un plumazo, entre ola y ola de crímenes, entre misterios, amoríos y lujo. Así pues, animamos a la concurrencia a disfrutar de esta delicada película y darle tiempo a una historia de amor paternal. A fuego lento y con paciencia de la buena.






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