
Como si le hubiera afectado el horario matinal, se vio un Logroñés legañoso, medio anestesiado y fuera de sitio. Voluntarioso siempre, pero como si siempre llegara un par de segundos tarde, reaccionando a las acometidas del Guadalajara un instante más tarde de lo recomendado. Los castellanos, que venían con fama de equipo vertical, demostraron serlo, ya que aprovecharon a la perfección los espacios entrelíneas que dejaba libres un Logroñés demasiado separado, roto por la mitad durante muchos minutos.
Si un partido acaba con 21 acercamientos más o menos peligrosos entre ambas porterías, generalmente los entrenadores no están demasiado orgullosos. El choque de ayer de Las Gaunas fue de ida y vuelta, con la diferencia que el Guadalajara daba una tremenda sensación de peligro cada vez que pasaba de medio campo, mientras que el Logroñés parecía condenado a esperar un fallo, una falta, una jugada aislada.
Si el Guadalajara no se fue con varios goles más en su casillero fue porque sus delanteros no estuvieron atinados, y porque Stef tuvo varias intervenciones de mérito, como para compensar su error en el gol que acabaría decidiendo el partido. El portero del Logroñés a veces falla y otras sorprende, pero siempre lo hace con un estilo heterodoxo, inclasificable dentro de una raza ya de por sí extraña: la de las personas que se dedican a defender una portería. La primera noticia del guardameta llegó en el minuto 14, cuando una incomprensible indecisión con Raúl García supuso el 0-1, obra de Lambarri.
Tres minutos antes, el ariete del Guadalajara había avisado con un remate de cabeza, solo en el borde del área pequeña, que se fue fuera por un palmo. El centro de esa jugada, como el pase de gol, fue del escurridizo Santi, un extremo al que se le caía la baba cada vez que se le planteaba la posibilidad de encarar a Galiano. Fue una pesadilla para el Logroñés.
Con el marcador en contra, el Logroñés pareció desperezarse. Candelas probó desde lejos, un defensa frustró un buen recorte de José dentro del área... pero el peligro de verdad llegaba en el área contraria: en el minuto 24 Stef paró una buena falta de Rubén Cuesta y, un minuto después, despejó con el pie un tiro de Villa. Tras unos buenos minutos del Logroñés, en los que tocó bien la pelota, el Guadalajara durmió el partido para estar cerca de matarlo al borde del descanso, con un tiro caprichoso de Santi que pegó en los dos postes.
Perdonando
Abadía cambió el sistema tras el descanso, metiendo a Eneko por Gallego, adelantando al pivote a Raúl García y tirando a la banda a Candelas. Su equipo volvió a librarse de milagro tras pasar por el vestuario: entre los minutos 47 y 51 el Guadalajara tuvo cuatro ocasiones clarísimas en las que, entre Stef y el factor suerte, evitaron milagrosamente el 0-2. El Logroñés espabiló y, con casta pero sin demasiado juego, intentó la igualada, aunque su ímpetu se moderó con la expulsión de Eneko. La más clara la tuvo Candelas, que falló en su especialidad, un golpeo claro desde la frontal que se le fue alto en el minuto 82. El Logroñés no tuvo más y aún debe amarrar la permanencia.





