La organización armada ya dejó claras sus intenciones el 5 de enero. En una entrevista en 'Gara', uno de sus portavoces hizo un «llamamiento a los militantes del PSOE» para que preguntasen a Zapatero hasta dónde estaba dispuesto a llegar «en sus prácticas represivas», en alusión a la detención de varios miembros de la mesa nacional de Batasuna y de los imputados en el sumario 18/98, en ambos casos por su implicación con ETA. «Los militantes del PSOE deberían reflexionar sobre las consecuencias que acarrean para todos estas situaciones», añadía el etarra.
Aquellas advertencias se han cumplido. La presión contra las bases del PSE ha aumentado hasta un nivel muy similar al registrado a finales de los noventa y principios de esta década. Con un agravante. Entonces, el objetivo directo comenzaron a ser los cargos públicos, en especial los concejales, a los que el partido obligó a ir con escolta tras los asesinatos en 2001 de Froilán Elespe, edil de Lasarte, y de Juan Priede, de Orio, tiroteado en 2002. Ahora ETA quiere extender el miedo a toda la militancia socialista atacando sus sedes sociales. El jueves lo hizo en La Peña y ayer en Elgoibar. En ambos casos de madrugada. Por fortuna, mientras la explosión registrada en Bilbao provocó heridas a siete agentes de la Ertzaintza, en la localidad guipuzcoana no hubo que lamentar daños personales.
La existencia de la bomba frente a la sede socialista se conoció a las 2.32 horas, cuando un comunicante anónimo cuya voz no estaba distorsionada y que habló en nombre de ETA alertó a la Asociación de Ayuda en Carretera de que el artefacto estallaría a las 3.30 horas. La llamada se realizó desde una cabina telefónica ubicada en el propio Elgoibar.
Los primeros agentes que se desplazaron hasta la zona comprobaron que junto a la fachada de la casa del pueblo, situada en el número 14 de la calle Urasandi, había un paquete sospechoso. Algunos testigos aseguraron que podía tratarse de una bolsa de basura negra. Poco antes de las tres de la mañana, los policías procedieron a alertar a los vecinos de este barrio, separado del núcleo urbano por la carretera que llega de Eibar y el río Deba.
A diferencia de lo ocurrido el jueves en La Peña, cuando el desalojo de los residentes desembocó en momentos de gran tensión, con residentes pasando en pijama junto a la bomba y con ertzainas que desconocían cuándo estaba previsto que explotase y que lanzaban órdenes contradictorias -según admitió a este periódico un patrullero que participó en el dispositivo-, el operativo desplegado en Elgoibar estuvo más controlado.
Los policías avisaron a los vecinos de los bloques cercanos de que bajasen las persianas y abriesen las ventanas para minimizar los daños y que se refugiasen en la parte de sus viviendas que estuviese más alejada de la sede socialista.
Daños en viviendas
La explosión se produjo a las 3.25, cinco minutos antes de lo previsto. La casa del pueblo, situada en los bajos de una plaza construida para salvar el desnivel de una ladera, resultó arrasada. El bar que ocupa la primera planta quedó lleno de escombros, mientras que las oficinas habilitadas en el segundo piso también sufrieron importantes desperfectos.
El local estaba cerrado después de que el 13 de diciembre del año pasado un grupo de desconocidos colocase un neumático en llamas que causó numerosos daños. Además, hace apenas un par de meses falleció la persona que lo regentaba. La reforma había concluido y el PSE estaba a la espera de encontrar a alguien para hacerse cargo del establecimiento. A lo largo de los últimos años, el local ha sido atacado en seis ocasiones.
Varios pisos de los números 5 y 7 de la calle Urasandi registraron daños en las persianas, muchas de las cuales acabaron reventadas, al igual que los cristales de ambos portales. También sufrieron destrozos de diversa consideración, sobre todo en sus lunas, al menos ocho vehículos aparcados en las inmediaciones.
Según las primeras investigaciones, el artefacto estaba compuesto por alrededor de tres kilos de explosivo, todavía sin determinar. La Ertzaintza halló restos de cable y de un temporizador. La onda expansiva de la bomba se dirigió hacia el interior de la sede, provocando que la persiana metálica de la entrada quedase inservible y que, por contra, el turismo que estaba a menos de dos metros del artefacto sólo perdiese los cristales.
Los ertzainas no dejaron acceder a sus domicilios hasta las seis de la mañana a los vecinos a quienes la explosión les había pillado fuera de sus domicilios. A los que permanecían en sus casas, se les advirtió de que siguiesen con las persianas bajadas. El cordón policial no se levantó del todo hasta las 9.00 horas.
Al lugar del atentado se desplazaron el secretario general del PSE-EE guipuzcoano, Miguel Buen, así como la presidenta de las Juntas de este territorio, la también socialista, Rafaela Romero. También estuvieron presentes el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, y el diputado general de Guipúzcoa, Markel Olano. Los dos dirigentes jeltzales se desviaron hasta Elgoibar cuando iban camino de la cercana Zumarraga, donde su partido celebró un acto político. A la sede socialista acudió el alcalde de Elgoibar, el peneuvista Alfredo Etxeberria.









