Tras el abordaje, los piratas pusieron rumbo a Somalia. Su objetivo es alcanzar el límite de las 200 millas y entrar cuanto antes en aguas jurisdiccionales de la nación africana, donde los buques de guerra de la OTAN y de otros países europeos desplegados en la zona no pueden actuar. Ya en lugar seguro, suelen exigir el pago de un rescate para liberar al buque. Como sucedió hace sólo dos semanas, cuando un grupo armado abordó un velero de lujo francés. El episodio motivó una intervención muy rápida por parte del Ejército galo, que logró liberar a los rehenes y detener a varios de los captores.
El asalto contra el 'Playa de Bakio', propiedad de la empresa bermeana Pevasa, se produjo a las seis de la tarde hora local. Ya era noche cerrada y una fuerte explosión sorprendió a los 26 tripulantes, la mitad de ellos vascos y gallegos y el resto procedentes de países ribereños africanos (Senegal y Kenia), entre otros. Una granada había impactado contra el puente de mando. Los atacantes aprovecharon que el atunero se encontraba parado. Con gran celeridad, según relataron diversas fuentes a este diario, los piratas abandonaron sus lanchas y subieron a bordo. Se desconoce el número exacto de hombres armados que participaron en el abordaje. Fuentes oficiales hablaron de cuatro delincuentes en cubierta. Lo que sí ha trascendido es que el capitán pudo lanzar un mensaje de socorro. El SOS fue recibido por el armador. Posteriormente, ya con los asaltantes en el puente de mando, hubo nuevos contactos telefónicos. Finalmente, la señal se perdió, lo que induce a pensar que los piratas cortaron las comunicaciones para evitar ser detectados.
En España, la noticia del secuestro se extendió como un reguero de pólvora. El Gobierno inició diversos contactos con los países que tienen presencia militar en la zona. Asimismo, se movilizó a los responsables de los diferentes ministerios implicados: Carme Chacón (Defensa), Miguel Ángel Moratinos (Exteriores) y Elena Espinosa (Medio Ambiente y Medio Rural). Finalmente, se dio orden a la Armada para que enviara a todo trapo a una fragata española que está desplazada en el Mar Rojo, a varios cientos de millas del buque secuestrado.
Mientras tanto, el armador comenzó a llamar a las familias de los los 13 tripulantes españoles para trasmitirles la inquietante noticia. En la sede de Pevasa, en Bermeo, dos operarias mantenían las líneas abiertas de forma constante. Se da la circunstancia de que los marineros iban a ser relevados de su puesto la próxima semana tras varios meses capturando atún.
Sólo un precedente
El secuestro del 'Playa de Bakio' sólo tiene un precedente. Hace aproximadamente una década, el 'Albacora IV' -también bermeano- sufrió un incidente similar que se zanjó con el pago de un elevado rescate. En 2005, el 'Playa de Aritzatxu' tuvo que escapar a toda máquina de varias lanchas que le acosaban.
La peligrosidad en la zona ha ido en aumento en los últimos años. La inestabilidad política en Somalia ha sido el caldo de cultivo óptimo para que la situación se agrave. Los ataques piratas eran frecuentes dentro de las 200 millas, pero en los últimos años se han producido también fuera de ese límite. Pese al indudable riesgo, ninguna de las empresas españolas, que tienen unos 30 barcos desplegados, quiere dejar de faenar allí, ya que se trata de un caladero de vital importancia para la supervivencia del sector. «Un 35% de nuestra facturación la obtenemos en esas aguas», declaró el pasado verano a este periódico un patrón que frecuenta la zona.







