
La operación militar aprobada por Sarkozy fue interpretada como una muestra de la voluntad del presidente galo de acabar con la impunidad de las mafias marítimas internacionales. Además, el mandatario francés, tras recibir a los familiares de la tripulación del 'Ponant', aseguró que presentaría una iniciativa en el Consejo de Seguridad de la ONU para que los países más desarrollados se impliquen en la lucha contra la piratería y pongan sus medios al servicio de los estados más necesitados.
Treinta rehenes
El desenlace del secuestro de 'Le Ponant', un velero de tres mástiles, 88 metros de eslora y reservado a cruceros para multimillonarios, reunió todos los ingredientes de las mejores películas de acción. La intervención decisiva de las unidades de élite francesas se inició poco después de que los treinta rehenes, con pasaportes de cuatro países -veintidós franceses, seis filipinos, una ucraniana y un camerunés, en total figuraban seis mujeres- fuesen liberados sanos y salvos y puestos a buen recaudo a bordo de la fragata 'Jean Bart'.
A continuación, los militares se centraron en el seguimiento aéreo de uno de los vehículos en que los doce secuestradores decidieron dispersarse una vez en tierra. Desde un helicóptero de combate Gazelle, un francotirador de las fuerzas de asalto de la Gendarmería destruyó el motor del todoterreno en el que viajaban los seis detenidos. La operación permitió, asimismo, recuperar «unas sacas interesantes», según declaró un general galo, que contenían parte del rescate pagado -se habló de que los piratas solicitaron 1,4 millones de euros-. El Ejército continúa la búsqueda de los otros seis secuestradores.







