Todo cambió a finales de 2006 cuando su médico les informó del programa de lavado de semen que Osakidetza acababa de incluir en su catálogo de prestaciones. «No lo pensamos. Todo fue tan rápido, y estaba tan bien preparado, que no nos dio tiempo a echarnos para atrás», relata María. La primera inseminación acabó en embarazo y nueves meses después nacían los gemelos. «Estamos felices. Nunca imaginamos que podríamos tener hijos sanos. Si no fuera por los médicos, no hubiésemos podido ser padres. Les agradecemos todo su trabajo, su amabilidad. Sin ellos...».






