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Nacen los primeros niños sanos vascos de padres con el virus del sida por inseminación artificial
La selección de espermatozoides mediante la técnica de lavado de semen garantiza que los bebés, ocho en total, estén libres del VIH

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Nacen los primeros niños sanos vascos de padres con el virus del sida por inseminación artificial
UN SUEÑO POSIBLE. José María Arizeta y Carmen Mar, en el laboratorio del hospital de Galdakao, donde se ofrece la técnica de lavado de semen. / JORDI ALEMANY
Durante años, el sida fue sinónimo de muerte; hoy, sin embargo, es fuente de vida. Lo prueba el nacimiento en el País Vasco de los primeros ocho hijos de padres seropositivos que han nacido libres de la infección gracias al programa de lavado de semen de Osakidetza, el primer servicio de salud de España que incluyó en su catálogo de prestaciones el servicio de reproducción asistida para las personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Los bebés que han nacido ahora no son los primeros hijos de seropositivos que llegan a Euskadi libres de la infección. Desde que apareció la terapia antirretroviral de alta efectividad en 1996 existen tratamientos que reducen al máximo el riesgo de que el virus se transmita durante el embarazo de la madre al feto. El País Vasco, de hecho, lleva varios años sin registrar un solo caso de VIH por esta vía; y en España se contabilizan sólo dos o tres, generalmente hijos de inmigrantes, con más dificultades para acceder a los servicios de salud.

El lavado de semen es una técnica innovadora que permite que los hombres que viven con el VIH sean padres, sin riesgo de que su pareja y su hijo contraigan la infección. Está pensada para las parejas llamadas serodiscordantes, aquéllas en las que sólo uno de sus miembros está afectado. A pesar de todos estos avances, los programas de fertilización siguen discriminando a las mujeres, ya que el VIH es motivo para su exclusión de las listas de espera, pese a la existencia de procedimientos de eficacia probada para el control y seguimiento del embarazo.

Selección de esperma

La Sanidad vasca ofrece esta prestación en el hospital de Galdakao desde 2006, año en que las agrupaciones de afectados vieron culminar una larga batalla por la consecución de este derecho. Tener descendencia era para el colectivo una meta impensable hasta 1996, cuando aparecieron los cócteles antirretrovirales que cambiaron el rumbo de la enfermedad. Los infectados dejaron de estar condenados a muerte y comenzaron a hacer realidad sueños tan comunes como tener un hijo sano.

La medicina lo posibilitó en 1992. Fue el italiano Augusto Semprini quien dio cuenta de los primeras aplicaciones del lavado de semen. A España llegó años más tarde, de la mano de un reputado instituto de reproducción de Valencia. Primero fueron las clínicas privadas las que ofertaron la técnica y luego la Sanidad pública, aunque sólo varias comunidades autónomas lo aprobaron. En Euskadi, además de los ocho recién nacidos, hay otras cuatro parejas vascas que están a punto de tener descendencia. El tratamiento del lavado de semen, que ya se utilizaba para enfermos de hepatitis, permite cribar los espermatozoides y utilizar sólo los gametos 'limpios' para fecundar los óvulos de la mujer. «No todas las parejas son aptas para el programa», apunta el ginecólogo José María Arizeta.

El hombre debe cumplir ciertos requisitos de salud y la mujer no superar los 40 años, explica la responsable del laboratorio, Carmen Mar. Después de realizar el estudio de esterilidad al varón, los médicos eligen la opción más adecuada del tratamiento: inseminación artificial o fecundación in vitro, que se practica en el hospital de Cruces con los casos más complejos.

Una vez superada la criba médica, comienza el trabajo de laboratorio. Dura unas cuatro horas. «Se trata de conseguir una muestra de semen libre de todo virus, que luego se analiza rigurosamente». Ante la más mínima duda, la muestra se desecha . El 5% no son válidas», explica José María Arizeta. Si el embarazo no se consigue en una primera inseminación, se repite hasta un máximo de seis intentos. «Cuando nos llaman y nos confirman que están embarazadas, la noticia nos colma de ilusión, porque cualquier pareja se merece ser padre».
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