
Y más si se quiere continuar siendo «los más solidarios de Euskadi, de España, Europa y una de las primeras provincias a nivel mundial», recalcó Cintero. Las cifras lo atestiguan. En 2007 se realizaron 22.327 donaciones, un 2% más que en 2006, y hubo 1.800 nuevos donantes. Además, en lo que llevamos de año «ha habido medio millar más que en el mismo periodo del anterior», detalló el responsable del colectivo.
Pero a pesar de tan buenas expectativas, nunca hay que descuidarse. «Esto no es como dar un donativo una vez y luego se olvida. No; hay que ser constantes. Con una sola ocasión no se termina, porque cada vez hay muchos más enfermos, intervenciones, trasplantes... y la sangre siempre hace falta», advierte.
También los inmigrantes
Y en ese aspecto juega un papel muy importante la gente joven, que de 18 a 30 años representan el 21% de los donantes alaveses. Un porcentaje algo alejado del 38% que conforman los de 31 a 45 años y del 41%, compuesto por aquellos que tienen de 46 a 65 años. «Los mayores son más habituales, y los jóvenes, que vienen por primera vez, deben ser más constantes. Necesitamos jóvenes comprometidos para donar», anima Cintero, quien reconoce que los datos para esta franja de edad «son algo bajos. A menudo piensan que con una vez han cumplido, pero hay que seguir». Para ello, desde hace unos meses han puesto en marcha un sistema recordatorio a través de mensajes al móvil «que funciona muy bien, sobre todo para esas edades, porque están muy pendientes del teléfono».
Puestos a adecuarse a los tiempos modernos, Cintero reconoce que la población inmigrante es otro colectivo «importante al que tener en cuenta». «Hay bastantes que ya lo son, pero a veces hay que tener cuidado porque pueden tener alguna enfermedad propia de su país de origen. Pero si se constata que no hay ninguna problema, pueden donar perfectamente».
Y para aquellos que aún son reacios, les recomienda «que no tengan miedo al pinchazo. Son diez minutos y con ellos pueden salvar una vida, que es lo más importante».





