El sector pasa por un mal momento, en el que las entidades miran con lupa cada operación de préstamo. El euribor, por su parte, no deja de subir y ayer se aupó al 4,825%, su valor más alto desde finales de 2001.
La crisis de la vivienda afecta tanto a los compradores como a quienes levantan los pisos. La demanda se encuentra estancada desde hace meses por un doble efecto perverso. Los precios siguen caros -aunque cada vez crecen menos- y los eventuales compradores tienen difícil el acceso al crédito. Y además, se extiende la sensación -y más después de la presentación la semana pasada de la estadística oficial del Ministerio de Vivienda- de que los precios van a caer. Así, nadie compra. Bien porque no puede, bien porque cree que si espera podrá hacerse con algún chollo.
Por otra parte, los fabricantes de materiales de la construcción -los proveedores de las grandes constructoras- temen que la crisis de la vivienda destruya sólo este año 35.000 de sus 500.000 empleos, un 7% del total. Así lo afirmó ayer el presidente de la patronal (Cepco), Rafael Fernández, quien aseguró que las medidas anti-crisis aprobadas el pasado viernes por el Gobierno son «claramente insuficientes».







