
LOS HECHOS
La víctima, que vivía solo en un edificio de baja más una altura en la calle Carrera, llegó incluso a arrojarse al suelo como pudo para evitar las llamas, que terminaron por arrasar y devastar su cama.
El siniestro se declaró sobre las 2.30 horas de la madrugada, y todo parece indicar que el incendio se produjo al prender el fuego de un cigarrillo en el colchón de su cama, combustión que generó un humo intenso en su habitación, de dimensiones reducidas.
Fueron unos vecinos que viven justo enfrente de la víctima quienes dieron la señal de alarma al escuchar la rotura de cristales de la casa por efecto del calor y quienes avisaron asimismo a los bomberos, que junto a efectivos de la Guardia Civil se personaron rápidamente en el lugar del suceso.
Estos vecinos, que desde un primer momento intentaron sofocar el incendio con una manguera que tenían en casa, se encontraron al acceder a la casa siniestrada con que su único inquilino y propietario ya había muerto.
El fallecido, que hasta su jubilación se dedicó al campo, vivía solo en la vivienda desde que hace unos cinco años, aproximadamente, falleciera un hijo suyo al ser arrollado por un camión cuando cruzaba la carretera. Un año antes había muerto la esposa.
Los vecinos de Gonzalo Irazola le definían ayer como un hombre «muy animado y cordial», que ahora apenas salía de casa salvo en épocas de buen tiempo en que le sacaban a la puerta de su vivienda y conversaba con todo el que pasara.
«Antes solía acudir al centro de personas mayores, pero ya con su edad era más partidario de quedarse tranquilamente en casa», asegura Vicenta Bretón, una vecina que precisamente a las doce del mediodía del domingo conversó con él por última vez. «Siempre me decía que le llamara al pasar a la altura de su casa y yo así lo hacía. Le gustaba que le informara del tiempo que hacía, y si por la circunstancia que fuera no había tenido la posibilidad de llamarle, él me lo recriminaba en el encuentro siguiente con un 'llevo varios días sin oirte'», agrega esta vecina.
Gonzalo Irazola recibía a diario la visita de su hija Luci, quien se acercaba siempre en bicicleta a su casa para llevarle la comida. «Me consta que ella quería que fuera a su casa para vivir con ellos, e incluso tenía adaptada una habitación en planta baja para él», señalaba a este diario el alcalde de Rincón Raúl Llorente. Pero él, sin embargo, se resistía a ello porque se sentía muy feliz en su vivienda.





