
Prescott reconoció que sólo ha conseguido superar la enfermedad hace un año, tras haber luchado contra sus síntomas desde finales de los años 80. Ha estado en tratamiento desde hace diecisiete, cuando su mujer descubrió su problema y le convenció para que acudiera a un especialista. Esa primera consulta fue especialmente «embarazosa» para el ex viceprimer ministro. «La sala de espera estaba llena de mujeres. Yo era el único hombre. Afortunadamente, ninguna de ellas me delató a la prensa», indicó Prescott.
Cuando en 1997 pasó a formar parte del Gobierno de Tony Blair aún padecía la enfermedad, a pesar de los años de tratamiento. Los síntomas, que Prescott atribuye principalmente al estrés laboral, no remitieron hasta que el ex viceprimer ministro abandonó la primera línea política el año pasado, cuando dimitió de su cargo juntamente con Blair.
Prescott se ha decidido a hacer pública su enfermedad para «ayudar a todas las personas que padecen de bulimia», y constatar la falsedad de ciertos estereotipos que relacionan la enfermedad únicamente con mujeres jóvenes, obsesionadas por su figura. «Es un mal que se asocia normalmente con las mujeres, muchachas anoréxicas, modelos que tratan de adelgazar o mujeres en situaciones de estrés como la princesa Diana», indicó.
Las insólitas revelaciones del ex viceprimer ministro han causado perplejidad entre la opinión pública británica. «Los periodistas nunca habrían imaginado que cubrirían una noticia de esta naturaleza», señala un comentarista de la BBC. Aunque son muchos los que han mostrado simpatía por el político, alabando su «valentía», y el «bien que sus declaraciones puede hacer por otros pacientes que sufren la enfermedad», no han faltado opiniones más críticas.
Situaciones polémicas
Prescott publicará próximamente un libro con sus memorias, donde detallará éstas y otras experiencias. Sus editores necesitaban una historia atractiva que sirviera como reclamo, y estimulara a los lectores a invertir su dinero en descubrir los detalles de una trama más apasionante que los habituales quehaceres políticos, por lo general aburridos y poco sugestivos para una audiencia de masas.
Aunque lo cierto es que John Prescott no se ha caracterizado precisamente por su discreción. Durante el tiempo que pasó en el Gobierno no faltaron las situaciones polémicas. Ridiculizado en numerosas ocasiones por su falta de elocuencia verbal y caótico discurso plagado de errores gramaticales, el político ha sido blanco de numerosas críticas relacionadas con su vida personal, llena de infidelidades amorosas. Su debilidad por el lujo le valió el apodo de 'Two Jags', en alusión a sus dos coches Jaguar, el de uso personal y el que utilizaba como coche oficial.







